Así llamábamos a las lagartijas cuando yo era chica y jugábamos a arrancarles la cola en el patio de casa de la wela, a ver si crecía de nuevo.
Pero, ahora en serio: me he enamorado de esta ciudad. Como un flechazo, el encanto dorado de sus muros de piedra antiguos me ha hechizado. Después de solo unos días de recorrer el adoquinado, leer en el patio interior de la biblioteca púbica, buscar la rana en la fachada de la facultad (hasta que me rendí y recurrí a Google), languidecer en la tibia hierba de sus parques, patinar por los paseos contiguos al río y comer empanadas en la Plaza Mayor..., ya me siento mejor. Más ligera, más optimista. El resto está allí, abajo, pero mientras..., mientras, esto es la vida. ¡Y qué vida!
No me marcharía jamás..., el piso es pequeño, pero nuevo y encantador. Me gusta esa chimenea extraña y moderna con llamas de mentira. La cocina es diminuta, pero siempre estoy comiendo fuera, así que para hacerme un café, da. Hay un bar un poco más abajo, en esta calle, y a veces ponen SFDK a un volumen moderado y me hacen sentir como en casa, y abro las ventanas para que llegue la música. Quiero imaginar que esto es para siempre y que este aire tan limpio hará que me florezcan cosas bonitas en el pecho, que pasaré el resto de mis días pisando levemente la madera cálida de la tarima flotante calefactada al despertar, abriré la primera hoja de este balcón y me tomaré un primer café asomada a la baranda mientras me visto y me llega el murmullo sibilante de los estudiantes que caminan adormilados a la facultad; donde yo, a mi vez, seguiré maravillándome cada día de la belleza del aulario, del entorno, de las vistas a través de la ventana..., y así pasarán ociosos los días, haciendo excursiones a Segovia, a Ávila, a Peñaranda de Bracamonte, en honor a mis padres, y leyendo un libro tras otro tras otro, sin pausa, como ahora, y escribiendo en terrazas con un café frío como acompañante.
Se me escapa una sonrisilla, qué pensamiento tan absurdo, yo, aquí, con este frío, con lo sureña que yo soy..., y saco papel de carta, y empiezo a redactar. Dirección: Sevilla.
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