miércoles, 1 de agosto de 2012

Todo podría haber sido tuyo.

Hice todo aquello que quisiste. Por eso es humillante. Cambié mi estilo, mi cabello, mi forma de ser, de vestir, de pensar y de sentirlo todo.
Era una chica elegante. Me convertí en una Heviata de las peores. Del rosa al negro. Del algodón a los pinchos. Comencé a escuchar la misma música que tú. Dejé crecer mi pelo, procuré tener el pelo liso y la cara maquillada en todas las fotos, por si las veías. Me hice la dura en todas las situaciones. Empecé a ser una borde con todo el mundo. Mi inclinación política podría bien ser la tuya. Todo lo que no estuviese relacionado contigo estaba de más. Te presté más atención que a mi familia, a mis estudios, a mis amigos. Te convertiste en mi obsesión, mi meta, mi motivo para seguir intentándolo una y otra vez.
Te ofrecí mi vida entera. El tiempo que no tenía. El corazón que ya no me pertenecía. Mi mente al completo. Mi lealtad incondicional.
Podríamos habernos visto muchos fines de semana. Podría haberte enseñado los lugares más bonitos que conozco, los pasatiempos más divertidos, la música más bella, los libros más interesantes. Podríamos haber reído juntos, haber jugado mucho. Te habría presentado a mis padres, habríamos comido juntos, algo que te gustase mucho. Podríamos habernos escapado. Te habría seguido al fin del mundo si me lo hubieras pedido. Mi cuerpo, mi mente, mi corazón y mi voluntad, esclavos de tus caprichos. Por eso es humillante. Habría ido a verte aunque no me quedase un solo céntimo. Habría bromeado con tus amigos, conocido tus sitios favoritos.
Incluso podrías haber sido feliz conmigo también. 
¿Qué faltó? Yo solo quería un poquito de amor. ¿Qué falló? Yo solo pedía un trocito de tu corazón...

Praia.

Es así como me gusta la playa de verdad. No en un medio día de verano, con niños llorando y tirando arena, cuando el agua está demasiado fría para bañarse y fuera hace tanto calor que podrías licuarte. Me encanta la playa tal y como está ahora.
El sol comienza su rápido descenso hacia el otro lado del planeta. El cielo es una perfecta cromatografía de tonos rojizos muy fuertes. El invierno se lleva todos los colores, salvo los de los atardeceres.
nunca había estado en esta playa en particular. Oh, bueno, sí en mis sueños, en mi imaginación, pero resulta muy distinta. El agua es, literalmente, de color negro. No es azul, tampoco verdosa. Las olas grisáceas baten furiosamente contra la orilla. Es lo único que se oye, eso y el viento. El viento se lleva cualquier otro sonido, se lleva mi pelo entre ráfagas furiosas, lo hace parecer débil como un trozo de papel. Agita la ropa contra mi cuerpo. Encrespa las aguas a su antojo. Pero nunca levanta esta arena, que al igual que el mar. parece más oscura de lo que resultaría normal. A mi lado, unos elevados acantilados proyectan alargadas sombras sobre la media luna de la playa. Todo es demasiado oscuro.
¿Por qué estoy aquí? El paisaje es bello. Encaja con mi carácter, mi estado de ánimo perenne. Y, sin embargo, aunque estoy a gusto con el silencio y la oscuridad, quisiera estar en mi casa con mis seres queridos, viendo una peli bajo una mantita suave.
Lo que me ha traído aquí es un asunto personal.
Quiero tocar el agua mientras le espero, pero temo que mis dedos acaben negros como el océano. El agua parece fría y peligrosa. Soy resistente al frío, no me quejo, y desde luego me gusta mil veces más que el calor. Y, sin embargo, hasta yo puedo percibirlo y sufrirlo.
La arena, gruesa, se me clava en la piel incluso a través de la tela vaquera de mis pantalones. Son azules, sencillos, sin rasgar ni romper por el momento. Estrechos, como a mí me gustan. Mis converses negras, que entierro en la arena una y otra vez, necesitan ser renovadas. No son marca All Star, no son de bota, pero la imitación es resistente y buena. Muy buena. En el lateral, en pequeño, tiene escrito, con mi boli negro, SU2+G. Sugus. Mis chicas. Es lo único que he escrito en mis zapatos, pero todas lo llevamos en alguna prenda de ropa. Se están comenzando a romper por los lados, la suela se va a despegar también. Están muy gastadas, pero creo que eso les da un toque un poco personal.
Por lo demás, llevo una camiseta muy ancha de manga corta. Negra, como siempre, de un grupo de música. Sobre ella, una chaqueta de piel. De piel de verdad. Es preciosa, tiene hebillas que la cruzan por la espalda, muchas cremalleras, y es muy calentita. Podría llevar pulseras de pinchos, mi collar de tachuelas redondas, un palestino, algo. Pero no, porque así se está más cómodo.
Antes llevaba el pelo suelto y ondulado de mis trenzas. El flequillo está muy largo, me tapa los ojos continuamente. Pero el viento, socarrón, lo ha dejado hecho un almiar. Ya no está suave y brillante, y parece impregnado de polvillo fino y blanquecino, como albero.
Suena mi móvil.
-¿Hmmm?
-Estoy llegando a la playa.-su voz suena un poco estresada.
-No hay prisa.
-¿Cómo sabré quién eres?
-¿Bromeas? no hay nadie más.
-Claro, con este tiempo...
-Es como más me gusta la playa.-noto que estoy a la defensiva.
-Lo sé.-responde, conciliador.
Se hace un silencio.
-Hasta ahora, Dani.-susurro.
Dejo el decrépito aparato en mi bolsillo. La mayoría de las veces, no llego ni a oírlo sonar. Tampoco vibra mucho.
Así es como he soñado durante lo que me parece una eternidad que iba a ser nuestro encuentro. Bueno, más o menos. En mi cabeza, aunque no haga calor, la playa se muestra reluciente, el sol brilla, huele a salitre. Ambos estamos nerviosos y felices. Nada es tenso. El cuelo no está nublado.
No sé qué va a pasar cuando le vea. Ha sido demasiado tiempo sin él.
Apenas tengo tiempo de hilvanar un par de ideas coherentes más, pues acabo de oír unos pasos crujiendo sobre la arena gris.
-Hola.

martes, 31 de julio de 2012

Bad girl.

Hace calor, pero yo no lo percibo. De pronto todo parece brillar, hay cosas mejores en que fijarse que el sol abrasador de un medio día de Julio. Fran está montando la cachimba. En lugar de agua, pone vodka. Qué manera más http://uragirinome.blogspot.com.estúpida de coger una melopea sin poder "saborear" el ardor de la colonia barata del Mercadona, porque precisamente Vodka Absolut no es.
-Escoge tú el tabaco-me dice lanzando una bolsita opaca hacia mí.
Tironeo de la oxidada cremayera y me encuentro con una amplia variedad de sabores. Fresa, menta, coca-cola, melón, con y sin nicotina. Al fondo hay un plastiquito transparente, pero no identifico las hojas de papel quebradizo que hay en el interior, así que lo dejo estar. Escojo el tabaco de melón, que es el que mejor huele. No queda mucho, y me aseguro de buscar el sellito en la esquina inferior derecha. Ahí está. Hay un cartelito rojo que reza mi salvación: SIN NICOTINA. Lo lanzo al lado de fran, que acomoda la pringosa pastita verde en el hueco de la cachimba mientras Sue corta papel de plata.
Yo me acomodo contra la raíz del Árbol Friki. Estoy muy nerviosa, el corazón se me desboca por culpa de los excesos a los que no estoy acostumbrada. No solo hace meses que no bebo Monster, si no que llevo dos Ripper en el cuerpo. Pero mi relajada postura y mi ausente expresión no delatan la inquietud que me corroe por dentro, como siempre.
Sue le lanza el tubo de plástico blanco con los carbones.
-Son una mierda-avisa, riendo.
Y tanto. Después de quitarse la olorosa pringue de los dedos, Fran tarda una hora en encenderlos. Decido echar una mano haciendo los agujeros en el papel, y más tarde, protegiendo la llama del mechero del viento que se ha levantado.
Por fin, coloca la pastilla color ceniza sobre el aluminio, y Sue levanta la manguera, lista para hacer los honores. Aspira durante un buen rato, con los ojos fijos en el líquido burbujeante del interior. Luego, parsimoniosamente, expulsa el denso humo, y la brisa nos hace llegar la fragancia a melón.
Luego alzo yo también la manguera. Soy consciente de que el alcohol aspirado va a tener un efecto muy fuerte sobre mí. Y sin embargo, hoy es el día de los pecados, así que sonrío irónicamente antes de presionar los labios contra el simétrico agujero del extremo de la cachimba. El humo es muy denso, y tengo que andarme con cuidado para no toser en busca de oxígeno. Aspiro el delicioso sabor a Melón, que se me queda pegado a la garganta, y no despego mis labios del instrumento hasta que siento los pulmones a punto de estallar. Luego, muy lentamente, expulso las volutas de humo blanco por la nariz y la boca, obstaculizándome la visión. En el paladar se me queda un tenue sabor parecido a lo que huelo del tabaco normal. Y no me gusta.
Una hora más tarde, se me ha calmado todo el nerviosismo, pero el corazón sigue taquicárdico. Mi mundo gira muy lentamente, como una esfera llena de líquido que se balancea fuera de control. Aún no he llegado a un extremo preocupante, pues soy capaz de hilvanar las ideas y entiendo todo cuanto me dicen mis borrachos amigos. Pero, aunque me esfuerce, me cuesta pronunciar bien, arrastro las palabras y no vocalizo. Además, todo es muy gracioso, no me había dado cuenta antes de las ganas que tengo de reír. Y creo que lo mejor es que no trate de levantarme.
Tampoco tengo esa intención. Se está muy bien aquí. De algún modo, he acabado acostada sobre el vientre de mi amigo nórdico, que se ha retirado prudentemente, cuando ha visto que el alcohol lo afectaba más por la falta de costumbre. Y mira que es un hombre alto y corpulento. Él me acaricia el pelo, las sienes, un lado de la cara, trazando dibujos circulares y letras al azar, bajando por mi cuello y volviendo a subir. Por algún motivo, no tengo ganas de encogerme y apartarme, no me provoca cosquillas ni calor tener su mano, cálida y grande, contra mi mejilla.
Todo brilla mucho. ¿Será que estoy feliz, o es porque estoy borracha?

jueves, 19 de julio de 2012

Esa soy yo.


Consuela saber que no eres único. Que no son tonterías de la edad. Consuela saber que hay más personas que sienten un estallido de júbilo en el pecho escuchando una canción. Y que les brillan los ojos cuando ven a sus grupos favoritos en un video, en la televisión o en internet. Consuela no ser la única a la que le gustan los peinados exagerados que tapan los ojos, que hay adultos, locos, famosos, llamémoslos como sea; que hay más gente que se pone cadenas y cruces góticas, más personas que desprecian el resto del universo tanto como tú. Más gente que le encantan los flequillos, aunque nos llamen emos y comerciales, y queremos vestir solo de negro, y ponernos botas militares y de plataforma, pantalones ceñidos y rasgados, maquillaje exagerado y tintes extraños. Somos cada día más los que vestimos con camisetas de grupos, nuevos o clásicos, comerciales o no, de rock o de heavy metal, góticos, heviatas o emos. No quiero que sean tonterías de la edad. Quiero cumplir 20 años y seguir poniéndome collares "de perro" y pulseras de tachuelas. Y quiero que nadie me mire mal por ello. Quiero poder escuchar a Andy Sixx y que los propios heavys no me insulten. Quiero dejar de ser un estereotipo peligroso, y seguir emocionándome cuando descubro una canción de amor debajo de esos gritos, seguir emocionándome con un estribillo un poco más tierno que lo demás, y enfurecerme y sentir ansias cuando un grupo clama por revolución, y odiar a la iglesia, odiar a nuestros gobernantes, odiar al mundo entero. Quiero teñirme como Jessica en Run Devil Run, ponerme tantas dilatas y tatuajes, tantos piercings y aros que no me quede un centímetro de piel sin agujerear ni teñir. Hacerme una cresta de colores, o raparme, llevar hevillas, tachuelas, cadenas, pinchos, conos, collares, pulseras, púas, afilarme los colmillos como Emeraude, cuyos dientes parecen los de un vampiro. Quiero ahorrar, sacarme el carné de conducir motos y tener una Harley Fatboy negra. Quiero una chupa de cuero, y coserle las insignias de mis grupos favoritos, mis amigos, mis compañeros de fatigas, de dolor y de alegría siempre que quisiera estar sola. Toda esa música que me ha hecho llorar mucho y sonreír más. Deseo comprarme una guitarra eléctrica como la de Synyster Gates y purgar mi desconcierto ante esas emociones envolventes que me desbordan, que me hacen enfadarme y llorar. Quiero aprender a tocar y a cantar, rasguear las cuerdas como en los solos de Slash hasta que me sangren los dedos. Quiero ser famosa, rica, aclamada, inaccesible, feliz. Y que mi forma de ser no sea una estrafalariez. Quiero que sea bonito, nuevo y exclusivo.

sábado, 14 de julio de 2012

¿Moral o instinto?

Es una forma de hablar absurda. Estúpida. Pero yo apenas puedo hilvanar palabra coherentes, porque sus labios recorren sensualmente el arco de mi cuello, descendiendo en su recorrido. Agua, saliva y sudor, en una calurosa tarde de Julio. No es que me importe demasiado. No es que lo conozca de nada. Pero no me puedo concentrar cuando alguien me toca así.
¿Qué era? Aquello que me parecía tan estúpido..., no recuerdo en que estaba pensando. Ah, sí. Hace un rato me dijeron que nada como un puñado de desconocidos para olvidar a la persona que me hizo daño. Qué estupidez, porque siento sus ojos sobre mi nuca, observándome desde cientos de kilómetros. Cientos de recuerdos atrás, cintos de días, de palabras de amor, de fotos. Y esas manos que ahora me queman la piel de la espalda, ascendiendo lentamente, aprendiéndose mi anatomía, no me provocan nada. Nada sentimental, claro. No amo esas manos. No son tiernas, ni familiares. Pero despiertan mi instinto, ponen mis nervios a flor de piel. Y yo me pierdo en su aroma, en unos ojos que no son bonitos ni familiares, sintiendo en mi conciencia el peso de una traición fantasma. No se puede traicionar una promesa que nunca tuvo valor para él. No puedes serle fiel a alguien que no lo hizo nunca. Pero yo estoy pendiente de mi orgullo, y debo decirle que pare, porque si no mi voluntad se hará humor y no tendré motivos para detenerle.
Bajo la atenta mirada del sol, triste sobre el pálido cielo deslavado, nosotros nos amamos, perseguidos por la acusación de la moral, acuciados por el instinto. Una vez más, sentí que estaba decepcionándome a mí misma, y con ello, a todos los recuerdos y sentimientos que me quedasen de él.

viernes, 6 de julio de 2012

El primero y el último.

Voy a realizar un pequeño paréntesis en la historia. Total, esto nunca lo lee nadie y al fin y al cabo, lo necesito. Me encuentro en uno de esos períodos en los que carezco de cuerdas vocales. Me ponen delante a una persona, cercana o lejana, para que me desahogue y me quedo muda. Pero mi voz mental ha regresado, confirmando la teoría de que, cuanto peor lo pase, cuanto mayor sea mi dolor, más bonitas son mis palabras.
Ahora, con la ausencia de mi hermano, la traición de mis amigas y la extraña soledad que me inspira su ausencia, no puedo evitar recordarle y hablar de él. De Dani, claro. Porque llevo mucho tiempo intentando olvidar todas y cada unas de las conversaciones y momentos y creo que eso está mal, porque no quiero olvidar todo lo que he aprendido. Además, Dianne Setterfield dijo que las historias deben salir a la luz. Si no, se marchitan, enferman y mueren. Y luego te persiguen.
Yo creo en esas palabras.
Pero no quiero contar nuestra historia, ni un momento concreto, sino las sensaciones que me inspiraba mientras estuvo conmigo y después.
Y lo voy a hacer en primera persona, porque Dani tiene acceso a este blog, aunque dudo que lo recuerde siquiera.
Dani, no sé si mi decisión de eliminarte de mi vida estuvo bien. Hay días que me levanto pensando que saludarte no me va a matar. Otros que pienso que ya no siento nada de nada por ti y puedo interesarme por cualquiera en cualquier momento. Pero lo cierto es que no he sido capaz de fijarme en nadie desde que no estás.
Al principio de nuestra relación, solamente eras un reto. Eras un reto por resistirte a mis encantos, todos suelen caer, y las personas que me hacen esforzarme son las que realmente me gustan. Luego comencé a divertirme con nuestras conversaciones, a sentirme fascinada de tus opiniones, a sentir curiosidad hacia ti. ¿Cómo eras? ¿Qué cosas te gustaban? ¿Y tus amigos? No eras como otros chicos de experiencias anteriores. Tú no me lo decías, así que yo iba rebañando con paciencia cada dato que se te escapaba. Tu hermano. Tu relación con tu familia. Tarek, aquel nombre no oficial. Dear God, nuestra canción. Pain, que te recordaba a mí. Ese Monster con el deathbat, la bebida Avenged. Tu amiga soledad y la necrofilia. Aquél perro, Roni, que te encontraste. Adri, aquél amigo tuyo con pinta de ser un personaje. Los paisajes de MGS cuando hacías parcour. Avenged Sevenfold, y lo que estos viejos compañeros te inspiraban. Todas aquellas ansias de rebelión que me transmitías.
¿Después? Lo negué durante meses, pero estaba loca por ti. Al principio de esta sensación estaba tan feliz que escribía tu nombre por cada esquina, donde aún sigue. Es una estupidez, porque nunca he necesitado nada que me recuerde a ti, siempre andabas en algún rincón de mi conciencia. Parecía que confiabas en mí. Me contaste muchas cosas. Muchos sueños, miedos, muchas comeduras de olla, y yo me sentía bien obligándote, tratando de escucharte y de estar a tu lado en todo momento.
La primera vez que me hiciste daño fue cuando me dijiste que amabas a Patri. << Ella es mi mástil, mi apoyo>> más o menos, esas fueron tus palabras. Y a mí me hizo daño que me ocultases que estábais juntos, me hizo daño que, habiendo luchado contra mis amigas y mi familia, habiendo defendido mis sentimientos contra todo, habiéndote escuchado y apoyado en todo momento, ella fuese tu "mástil". Me jodió mucho, ¿eh? Pero supongo que, una vez más, no fui suficiente. Claro que yo aún no sabía lo que me esperaba.
Y después de un año de risas, de bromas que solo nosotros entendíamos, de amor explosivo, de que un día me ignorases y otro me amases...¿qué? El principio del fin. Aquella idiotez, aquella tonta pelea con mi amiga
Nunca entenderé por qué dejaste de hablarme a mí. Yo no toqué el teclado. Tu novia te puso los cuernos, tío, y tú solo dejaste de hablarle un par de días. A mí me torturaste durante mucho tiempo, ¿por qué? porque pensabas que yo tenía las mismas ideas que ellas. No me conocías en absoluto. Además, sabías que yo te amaba! decías que tú me amabas! sabías que tu silencio iba a dolerme como nada...¿Qué te costaba hablar conmigo? Dijiste cosas que me hicieron mucho daño, y aún cuando yo no dije absolutamente nada contra ti me arrastré, lloré y te llamé durante días y días. YO te pedí perdón a ti! es horrible. Y de pronto "me perdonas" pero no me explicas absolutamente nada!
Aquellas dos semanas lo cambiaron todo. Yo sabía inconscientemente que era el final. Y tu estabas frío y volvías a ignorarme casi siempre. No volviste a decirme que me amabas. Aunque en aquel entonces me lo creía, ahora dudo mucho de eso. No de ti, sino de que confundieras tus sentimientos o algo.
Y siempre odié y odiaré la sensación de estar a tu merced. Debí decírtelo. Odiaba ser el segundo plato, que mis pensamientos me dieran dolor de cabeza cuando luchaba por averiguar qué coño pasaba esta vez. ¿Qué he hecho mal ahora? Que tus palabras hicieran de mi humor y sentimientos esclavos de tus caprichos. Joder! aún ahora siento que, si eres feliz viéndome muerta, me suicido. Aún siento que dejaste las cosas claras en todo momento y que la culpa es exclusivamente mía, auqnue me hubiera gustado que fueras siempre sincero y no me siguieses el rollo, sabes? Me sentí atada y humillada por haberme arrastrado, te enfadaste por algo que solo tú sabías, y me degradé mucho.
Un amigo mío me ha recordado no hace mucho que siempre hay que tener en cuenta las cosas buenas, porque es muy fácil echar las culpas y enfadarse. Tiene razón, y creo que por eso, el día que te busqué entre mis contactos para decirte adiós para siempre, cuando vi que ya me habías eliminado tú...sentí que te había fallado. Tal y ocmo tú dijiste, estaba cabreada y te guardaba rencor. 
Pero pensaba que era algo bueno. Porque si no, siempre podía agregarte y volver a caer en la trampa, y no puedo, porque ahora, aunque cada segundo te eche de menos, no tengo que comerme la cabeza para sacar tema, averiguar qué te pasa o cómo interpretar una respuesta. Aunque nadie me diga ya esas cosas bonitas, aunque sienta que he perdido el camino que seguía tan desesperadamente, siento que es mejor así.
Escribiendo eso me he dado cuenta de que te sigo queriendo como a nada. Porque yo tenía razón, no eres como Diego, pude amarte sin reservas, sin rencor, porque me hiciste feliz a tu manera y me enseñaste mucho. También te estoy agradecida por todas las experiencias e ilusiones que me has hecho sentir.
Y como esto es para hablar de las sensaciones que me embargaron a tu lado, también hablaré del presente, porque sigues formando parte de mí ^^
Tu nombre sigue escrito en todos sitios, menos en mi mano. Sigo celebrando, sola, todos los días quince. Porque estoy feliz de que formases parte de mi vida y de que ya no estés a mi lado. Nuestro tiempo se acabó, y yo estoy feliz cuando pienso en ti porque al fin has podido cumplir tu sueño, has visto a tu novia, y Patri es una buena persona. Seré feliz siempre y cuando tú también lo estés.
Claro que también siento añoranza. A veces me pongo llorosa, ya me conoces, tú dijiste también que soy muy melodramática si se trata de amor, pero también tenía mis motivos. No sé muy bien si lloro de rabia, de pena, de amor, de felicidad o porque te echo de menos. Tampoco he dejado de escuchar en ningún momento nuestra canción. A veces me cuestiono si debí luchar más y salir adelante, pero creo que se trataba de una de esas cosas en las que todo el mundo piensa igual sin ponerse de acuerdo. Creo que fue el empujón que necesitaba. Me lamento y me alegro, porque yo podría aguantar eternamente si se trata de ti, pero no sé muy bien qué sería de mí. Salía menos, estudiaba menos, y todo me importaba un poco menos.
En otras palabras, me obsesionabas.
Sigo pensando que no podría decir esto en voz alta si no es a ti. Me gusta pensar que tú también estás feliz de que yo esté bien ^^ No me faltan motivos para estarlo.
Nuestros caminos se han bifurcado, y sólo tú sabes si nos volveremos a encontrar en algún momento de nuestro viaje por la vida. Pero no te garantizo que haya dejado de amarte para entonces.
Sabes que no me gustan los malos rollos. No podía morirme sin dejarte acceso a mi mente una vez más, aunque probablemente ni recuerdes que existe...o no lo quieras visitar.
Pero, lo importante, es que sepas que no tengo intención de olvidarte, porque fuiste el primero y el último gran amor hasta el momento.
Y espero que solo hasta el momento :)

Capítulo once.

Dani me llevó a mi casa, y sobre las cinco de la mañana me dejó junto a mi ventana.
-Espera-grazné
-¿Hmm?
-¿Qué somos, Dani?
-¿Necesitas encontrarle un término?
Me encontré a mí misma dudando. Él esbozó una media sonrisa.
-Buenas noches, princesa.
Cuando levanté la cabeza, su sombra ya se recortaba con la luna, que florecía sobre la ciudad, luchando con la capa de luz artificial que escondía el suelo de los ojos de las estrellas.
Salté el alféizar y busqué a tientas en la pared para encontrar el interruptor de la luz, que me cegó por un momento. Me quité la sudadera y la colgué del perchero con forma de guitarra. Las teclas eran los ganchos para la ropa. Luego abrí la cama y me acurruqué bajo la fina colcha.
¡Ah! tanteé en la mesita de noche hasta encontrar mi móvil. Lo desbloqueé y activé el wifi. Después de lo que me pareció una eternidad, me metí en Tuenti, la única red social que mantengo al día. Revisé los comentarios, mensajes y fotos y me encontré con que sólo Ézhor había tratado de contactar conmigo
<< Canijaaaaaaa...¿te vienes mañana a mi casa? nosotroh podemos zombies, plantar unas Claymore, echarnos unas carreras...¿Qué me dices?>>
Pulsé el botón Responder.
<< Allí me tienes después de jalar, petardo>>
Sábado jugando a la playstation. Casi como cualquier otro día. Bostecé, y lo último que recuerdo es que bloqueé el teléfono sin quitar el wifi.
Sentí que abrían la puerta, pero mantuve los ojos cerrados y la respiración acompasada. Reprimí una exclamación ahogada cuando sentí a otra persona tumbarse a mi lado y rodearme la cintura con el brazo.
-¿Qué...?
-Aquí me quedo-suspiró Alex
Yo no iba a quejarme. Bajé la cabeza hacia su pecho y él me apretó más fuerte.
-Hay que bajar ya, en breve vamos a almorzar...
-¿Ya?-no me extrañó en absoluto-Bueno, vamos
-En un minuto...
Permanecimos así un ratito antes de que me soltase perezosamente. Yo me lavé la cara y los dientes antes de bajar, con el pelo como un almiar y el pijama hortera.
Comimos acompañados por el murmullo de aquellas deprimentes noticias. Procuré terminar pronto con aquel inapetente almuerzo.
-¿No quieres nada de postre?
Mi hermana siempre me presionaba para que comiese. Temía que mi complejo me obsesionara...
-Estoy llena-musité mientras me llevaba mi plato medio lleno lejos de su mirada.
Claro que quién puede almorzar nada recién levantada.
Luego corrí a vestirme. Lo usual. Camiseta negra de manga corta, del grupo My Chemical Romance, con la araña blanca sobre la bandera estadounidense, como en el álbum Danger Days, unos pantalones cortos, vaqueros, muy normales, y converses de bota. ¿Rojas, azules o negras? Todas iban a pegar con la camiseta, así que cogí las rojas, porque llaman la atención y eso me gusta. Me recogí el pelo en una cola de caballo, porque estaba muy enredado, luego me pinté los ojos de negro, cogí el mismo bolso que utilizo siempre y salí.
Hacía calor, pero era una tarde bonita, y el optimismo rebosaba por mis sonrisas.
Claro que aún no sabía lo que me esperaba.