domingo, 8 de enero de 2017

Ceta, ceta, ceta y calor.

Y parece que no, pero la más perfecta de las felicidades existe, y está ahí, en esos brazos que me sirven de almohada y manta y me aprietan contra ese cuerpo cálido y suave, blando, perfecto como esta sensación de dicha y placer que hay en el intrincado nudo de nuestras extremidades, en sus bufidos dormidos contra mis rizos alborotados y mi piel, habitualmente fría,calentada por sus manos. Bañados por la penumbra de la noche, sonrío pensando en que, a pesar del calor que tiene, no me ha soltado, y una de sus manos baja por mi esternón y se aposenta lánguidamente justo sobre mi ombligo.
No ocurre nada.
Busco dentro de mí la habitual tensión, el miedo, la ansiedad. No sé si es porque está dormido y no es consciente de lo que está tocando, pero mi corazón mantiene su ritmo pausado y mis pulmones se hinchan perezosamente a cada inspiración sin emociones que los espoleen. Tentativamente, con cuidado, entrelazo mis dedos con los suyos para mantenerlos ahí, sobre la masa suave de carne redondeada, pálida y atravesada por gruesas cicatrices moradas, para que cure mis heridas con su abrazo.

martes, 3 de enero de 2017

Confesiones de una máscara.

En momentos como este me siento muy niña, muy vieja, muy cansada y muy vulnerable. Llegados a este punto, no me apetece pensar siquiera; y mucho menos entrar en consideraciones filosóficas sobre el modo en que vivo mi vida, el modo en que funciona mi mente.
Escribir no es huir, da igual cómo lo piense. Es liberarme, comprenderme y deconstruirme, y si las palabras son una suerte de maquillaje de la verdad, entonces yo seré una artista de los polvos y las pinturas, pues no concibo mi vida sin mi escritura interna, sin mi pensamiento constante. Sin esto que yo conozco, me invade la desesperación de que nada tiene sentido ni razón de ser, nada de lo que he hecho ni nada de lo que haré, y no habrá pues forma de entender la realidad, y todo esto no es más que una mentira y no puedo dormir porque me siento sola y no puedo parar estas lágrimas que arden y no me dejan respirar.

Yo, mediocridad absoluta.

Haruka dice que, cuando tienes un talento, en la infancia eres un prodigio, en la adolescencia un genio y, cuando alcanzas la edad adulta, simplemente eres mediocre.
Nunca quise destacar, realmente, pero lo cierto es que he luchado contra mi propia mediocridad toda mi vida; y durante casi toda mi adolescencia he sido la brillante hija de papá. Pero lo cierto es que me siento más mediocre que nunca, sin ninguna afición ni talento extraordinarios (y con más carencias de las que cabe suponer en un ser humano medio).
Sin embargo, esta relativa calma no está mal. Si no se fijan en mí, si no me miran, no me pueden molestar. Mientras tanto, yo gozo de seguir aprendiendo. En la frase "el que no cultiva el espíritu es un idiota", sustituyamos la constante "espíritu" por "mente". 


lunes, 2 de enero de 2017

Still on track.

Anoche, cuando por fin aparté los regalos de reyes de mi cama y me tumbé, me sentí dueña de mi mente por primera vez en mucho tiempo. Quizá fue la alegría y la paz de los últimos dos días lo que me dio un poco de perspectiva, y pude pararme a analizar algunas de las cosas del último año.
Si 2015 fue el año del Chatir, esa lenta carrera de desgaste, 2016 ha sido el año de la progresión. Me he propuesto tratar de no dejarme llevar por la melancolía oscura del invierno, como ocurriera en mi balance del año pasado; así que, comparándolo con una carrera, creo que este año he comenzado a caminar y, al final, he hecho mi exitoso sprint final, con el júbilo y el cansancio satisfecho quemándome los pulmones. He vuelto a ser un poquito adolescente, con mi insomnio y mis desequilibrios mentales, con mis inseguridades, y sin embargo con ganas de encontrar ilusiones. No puedo olvidar ese amor dulce y denso como chocolate fundido, corriendo por mis venas e iluminando mi mundo, pero son también todas esas experiencias y metas las que brillan por luz propia. Me gusta tener objetivos con los que enfrentarme al mundo. Me gusta esforzarme y encontrar recompensas.
Así que vuelvo a empezar, aún con mis miedos y con todas esas tareas pendientes que tengo que solucionar, corriendo con ganas, con entusiasmo, bien acompañada. Inicio el año con amor, creciendo un poquito más, encontrando libros, aficiones, actividades y personas que colmen un poco más mi corazón intranquilo.
Y a todos aquellos que estén buscando un comienzo mejor..., las cosas nunca cambian de un día para otro. Solo vosotros podéis cambiar la óptica con la que veis el mundo, y las comparaciones no suelen ser acertadas. Sentíos un poco más afortunados por vuestra suerte.
¡Feliz año nuevo!

jueves, 29 de diciembre de 2016

ἄλγος

Mi padre está viendo las fotos y vídeos de nuestras vacaciones. Otra vez. Yo, sencillamente, no puedo; todo tiempo pasado fue mejor en algunos sentidos y peor en otros, pero recordar los momentos felices escuece tanto o más que los tristes.
A veces pienso en la vida de mi padre y duele. ¿Cómo debe ser privarte de todo por otras personas? ¿cómo debe ser estar solo y tragarte todos tus sentimientos? ¿y carecer de motivación y aspiraciones? ¿cómo se siente una persona que ya no tiene ilusión por nada? ¿y sentir que todos los días de tu vida son exactamente iguales?

lunes, 26 de diciembre de 2016

Bienvenidos a mi sitio, a mi locura.

No puedo dormir. Son las 3 y 11 minutos y aquí hay una verdad esencial: no puedo dormir. ¿Cuántas cosas encierra una frase tan simple? En esas tres palabras se esconde el agobio de lo poco que me queda por descansar, y no solo por dormir. Son esas preciosas horas en que no tengo que escuchar a mi propia mente, fingir alguna emoción o hacer algo en concreto. En que no puedo dormir se encierran preocupaciones de mayor a menor grado de tontuna, y ese recoveco negro que me da miedo, y la pesadilla que tuve anoche.
Los párpados ni siquiera pesan, y recorro la silueta que dibula la luz de la luna en la superficie perlada del armario, un diseño de cruces y recuadros alargados de un color extraño, indefinido. Y esta voz mental, mi narración que no cesa, que no calla, y cuando se cansa de repasar por enésima vez en mis noches en blanco esta habitación se vuelve hacia mí, mis defectos, mis recuerdos, y repasa cada detalle de cada error que he cometido en los últimos años, los organiza y analiza por formas y colores, por temas y por gravedad. Así, al final, un amanecer vago y agotado me sorprende en medio de una pesadilla tardía de ojos abiertos, dentro de mi propia mente consciente.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Jingle bells, Jingle bells, jingle all the way!

Estoy harta de extrañar siempre a alguien en nochebuena.

Intento aferrarme a las festividades navideñas, dada mi natural inclinación hacia el frío y la oscuridad pero, ¿a quién quiero engañar? Busco el sol como un caracol en primavera, lampo por días largos y colores luminosos. Creo que lo que me gusta del invierno es abrazar, acurrucarme en busca de calor, celebrar que estoy con los míos y hacer regalos. Y sin embargo, no puedo negarlo, el invierno no es lo mío; demasiados momentos tristes tiñendo mis recuerdos, sin luz a la que aferrarme.
Estoy cansada de tener que echar a alguien en falta. Y no pido mucho, solo a mis pequeñas cinco personitas (ahora seis) a mi lado, solamente una noche al año. Estoy enfadada y harta por cada vez que me dicen que estas son las cartas que me han tocado en la vida, por no poder lanzar la baraja por los aires y vivir a mi modo, a mi ritmo. Y por cada nuevo drama, eso también.
No es justo. ¡No es justo!