jueves, 31 de mayo de 2012

¡Yuju!

¿Seis meses escribiendo un blog frecuentemente? No parezco ni yo :D me sentiría solita sin este amigo, que recoge mis paranoias y le cuenta al mundo quién soy :3
En fin, me siento orgullosa de mí misma jajajaja
Seis meses, y todos los que quedan <3

Him

Se está muy bien...claro, que en el cuarto de papá y mamá, siempre hace fresquito. El ventilador cabecea perezosamente. El calor de comienzos de verano trae consigo la lenta modorra que adormece miembros y embota cerebros. Papá y mamá comentan la cotidianidad del día a día, dando sus puntos de vista. Mi hermano mayor está encogido de forma incómoda, porque se le salen los pies de la cama. Su cabeza reposa sobre el bonito cojín morado que hay encima de mis rodillas. Tiene los ojos cerrados, como si estuviera dormido. Pálido, demacrado y ojeroso. Lleva muchos meses encerrado estudiando sin descanso, triste y apático. Me alegra poder tener algo de contacto con él. Memorizando la forma y el tacto de su pelo. Ya le está creciendo mucho...dentro de nada, se le ondulará tanto que parecerá un champiñón. Me es familiar. Ligeramente áspero, muy oscuro, oloroso a ese champú anticaspa que reconocería en cualquier parte, como todo lo suyo.
Mamá dice que le quiero más que a nadie en el mundo. A lo mejor es por la simbiosis. Tengo la teoría de que hubo un error cuando nacimos y deberíamos haber sido como los gemelos de las películas, estos que terminan las frases del otro y dicen las cosas al mismo tiempo.
Lo bueno de nosotros dos es que no necesitamos ser gemelos para saber lo que piensa el otro algunas veces. Nos miramos a los ojos, sonreímos a la vez, y decimos al unísono la parida de esa semana.
Sí, supongo que es especial. No sé si está bien que quiera a alguien más que a otra persona, ni siquiera sé si es real, o si quiero averiguarlo.
Porque se está muy bien aquí, con la mano perdida entre sus mechones oscuros.
Él abre los ojos, parpadea un par de veces y parece que se esfuerza por no dormirse.
-Estaba despierto-me asegura
Luego se gira, y yo vuelvo a acariciarle la cabeza. Me coge la mano de pronto y se la lleva a los labios.
-Te quiero-susurra, amodorrado.
¿Suena infantil si digo que soy la hermana más feliz del mundo?
Supongo que sí. Pero no creo que sea algo malo.

domingo, 27 de mayo de 2012

Sorrow

Aparta los rizos de mi espalda desnuda, con delicadeza. Su dedo índice comienza a trazar dibujos. Circunferencias, nombres, números..., cualquiera sabe lo que estaba pensando. Pese al calor y al aire viciado, yo podría haberme quedado allí media vida. Boca abajo sobre la cama, con la sábana hasta la cintura, por mera comodidad, ya que entre nosotros no existe el pudor.
Nunca leí cuentos de hada sin príncipe. O en el que el príncipe no quisiera a la princesa. O en que el príncipe se largara. ¿Qué haría la princesa entonces? ¿Estarían permitidos otros besos? ¿Otros brazos? ¿Está bien que me hunda en sus ojos castaños, imaginando que son verdes?
Poco importa ya lo que está bien y lo que está mal. El príncipe ya no puede enterarse. Ya no tiene derecho a enfadarse. Renunció a mí, ¿no? Yo pensaba hacerlo, así que no sé de qué me quejo. iba a hacerlo, sí, pero no tan pronto, no sin despedida, no aún...
Suspiro. Ethan no necesita preguntar nada, claro. Lo intuye, o no le importa, o en el fondo me conoce muy bien. Huyo hacia el calor de sus brazos. Me siento culpable a veces, porque recuerdo las voces de mis amigas...<<Si tú amas a alguien no te acuestas con alguien a la menos oportunidad..., aunque él no esté contigo>>
¿importa acaso? No intento salir adelante con esto. No lo he hecho nunca. Ellas no hablaban de mí, claro, pero como si lo hicieran. Solo se trata de no pensar demasiado en ello.
Abro los ojos. Legañosos, pegados. Vaya, me he dormido.
-Hola, princesa
Sonrío y acaricio su mejilla.
-Qué bien se está aquí-.suspiro
Él me dedica un gesto dulce y me aparta un rizo de la cara
-Lo sé
Permanece en silencio, y yo intuyo que tiene que decirme algo.
-Has dicho su nombre mientras dormías.
-¿Hmm?
¡Calla! ¡No lo digas en voz alta!
-Has dicho Dani.
-Sería una pesadilla-respondo, cortante.
¡Deja el tema ya!
-¿Ah, sí? pareces triste.
Nuestro momento ha pasado. Bufo entre dientes
-No voy a mentirte, no estoy para tirar cohetes.
Me deslizo hasta el borde de la cama. En el suelo está mi blusa azul, de cuadros. Me pongo la ropa interior y la blusa abierta encima.
-En seguida vuelvo.
Él gruñe en señal de aprobación y se estira en la cama.
Yo voy hasta la cocina, saco un brick de zumo y me sirvo un vaso. El agua se condensa en los laterales del recipiente formando pequeñas gotitas, que se dispersan entre mis dedos. Me lo bebo de un solo trago. Está muy frío. Una gota del líquido dulce resbala por mi barbilla.
Siento unos brazos rodearme desde atrás. Cierro los ojos y me pierdo en el gesto.
-Lo siento, princesa
Me suelta, se gira para mirarme a los ojos. Yo esbozo una triste media sonrisa. Se inclina hacia mí y lame la gota que se ha deslizado desde la comisura de mi labio. Luego asciende hacia mis labios, me coge en brazos, y me lleva de regreso al dormitorio.
No se me ocurre mejor manera de hacer las paces.

Stairs

Sé que estoy dormida. Por el colorido, supongo, o porque no recuerdo haber venido por voluntad propia. Símplemente estoy aquí y punto. Hay edificios de ladrillo a mi alrededor. De color rojizo, bloques de apartamento muy familiares. Una placita en el centro, con bancos, tiendas de alimentos y niños jugando.
Delante de mí hay unas escaleras. Las he recorrido decenas de veces, sé que hay tres tramos de escaleras de 21 escalones cada una. Puedo subirlas de dos en dos sin cansarme demasiado.
Hay una figura en lo alto de las escaleras. Tiene el pelo un poquito más largo que en las fotos e imágenes que recuerdo, y el sol hace que le salgan reflejos rojizos y castaños. Sus ojos no son verde claro, sino de color esmeralda, y me atraviesan. Siento la tentación de dar media vuelta y salir corriendo, saltar la barandilla blanca y atravesar la plaza, donde no le de tiempo a cogerme.
Pero estoy congelada en el sitio. Es un sueño, no sé qué espero. Su deslumbrante sonrisa me desconcierta. Me ha tendido la mano, y yo empiezo a subir los escalones lentamente, recelosa.
Un solo peldaño me separa de su mano. Alargo mi brazo derecho hacia él. No sé qué pretendo..., tal vez cerciorarme de que es real.
Nuestros dedos están a un solo centímetro cuando su imagen se difumina y desaparece.
Quiero bajar corriendo. Todavía puedo irme. Aún puedo salvarme.
-¡Ven!
Es su voz. Ligeramente ronca, pero es su voz. La misma que me cantó Dear God. La misma que se reía conmigo una tarde de Enero. Algo se subleva dentro de mí y se niega a rendirse.
Vuelvo a caer en la trampa.
Llego a los pies del siguiente tramo cuando él llega arriba del todo. No parece cansado, pese a sus problemas respiratorios, y la sonrisa sigue intacta. Vuelve a alargar la mano.
-¡Ven conmigo! ¿No me quieres?
Su tono inocente resulta tan poco creíble..., una risa sacude su delgado cuerpo.
Yo trepo a través de los peldaños, cada vez más cansada y frustrada. Una y otra vez. Pierna derecha, pierna izquierda. Derecha, izquierda, derecha, izquierda. Me arden las extremidades. Me da la sensación de no avanzar, o cuanto menos, de que las escaleras son el doble de largas.
-¡¿NO ME QUIERES?!-repite.
Estoy a un centímetro de sus dedos cuando se esfuma.
¿Por qué tuve que ir siempre detrás de él? ¿No podía buscarme? ¿Aunque fuera una vez? Siempre saludaba yo, siempre le llamaba yo, siempre le enviaba los sms yo, siempre, siempre, siempre yo...
Llego, al fin, a las últimas escaleras. Sin resuello, sudorosa y con temblor en las manos. Aprieto los dientes de golpe.
-¡Ven a buscarme, Cris!
No me muevo, no esta vez.
-¿Por qué te vas cada vez que te busco?
-Tienes que seguir intentándolo.
-Y tú...¿No me quieres?
Otro espasmo. El de una risa cruel. Se retuerce entre estertores
-¡Claro que no!
Ya he tenido bastante. Tengo que despertar, tengo que...tengo que...
Apoyo la base de mi mano derecha en la baranda blanca. Está oxidada, se me quedan fragmentos de pintura entre los dedos, húmedos de sudor.
Me alejo un par de pasos y cojo carrerilla. Me impulso, sirviéndome del pasamanos, y me lanzo al vacío.
Todo sucede muy lentamente. Él llega al pie de las escaleras y se estira a través del antepecho, alargando las manos hacia mí, con la desesperación pintada en las facciones.
Nuestros dedos se rozan, siento sus manos fuertes y duras en mi piel. Supongo que eso es lo que buscaba.
Impacto contra el suelo y la imagen se hace mil añicos.
Abro los ojos en mi cama. Estoy asustada, no puedo respirar bien, aquí hace mucho calor. ¿Qué intentas decirme, conciencia?
No tengo que preguntarlo dos veces. Una parte de mí sabe que me quiso.
Aunque fuera solo un poco.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Tsumi

(Las influencias vampíricas son malas para la salud mental de esta user con tendencia a la paranoia)

Tengo sueño.. Más de lo normal. Sin razón aparente, los párpados caen pesadamente y tardan un segundo más en abrirse. Mis dedos, torpes, dejan caer cosas. Me cuesta concentrarme en lo que hago, en lo que leo.
Estoy sencillamente enfadada conmigo misma. No es intencionado ni mucho menos, claro, pero me molesta esta lentitud somnolienta.
Me he quedado dormida en clase, de nuevo. El profesor me ha impuesto un castigo de clases suplementarias por tercera vez consecutiva esta semana. Eso quiere decir que no abandono el aula hasta las ocho de la tarde, la puesta de sol...y eso me deja con parte de la noche para estudiar y hacer los deberes. El ciclo se repite.
La luz del sol proyecta sombras alargadas sobre las baldosas de los pasillos. El cielo es de color azul, oscuro, pero no tan intenso como durante el día. Conforme se hacerca al horizonte, el color se diluye. Celeste, lila, amarillento, anaranjado y rosáceo. Los colores se confunden, y en algunas partes se tornan tan pálidos que podrían confundirse con un folio.
La alta arboleda que rodea el recinto académico impiden ver el sol. La luna es cada vez más visible, tan fina como el blanco borde de mis uñas, cortas y maltratadas.
Paseo con aire distraído por los pasillos, con el uniforme impecable y los libros apretados contra el pecho, una tarde más. Debo tener la imagen de una delegada de clase, con el pelo limpio, liso, arreglado con sencillez. Debo tener muy mala cara, no sería capaz de sonreír ni proponiéndomelo. Siento arrugas bajo los ojos y sombras purpúreas por todo color en mi expresión.
Estudiar en un internado no es tan genial, al fin y al cabo.
Al menos tengo suerte. El director es mi tío, y cuando estamos de vacaciones escolares, suelo pasarlas con él también. esto me otorga ciertos privilegios, como una habitación para mí sola y acceso ilimitado a un baño privado.
Dejo mis cosas de cualquier modo sobre la cama. Fuera lazo. Fuera chaqueta. Me desabrocho el primer y el último botón de la blusa blanca.  Meto la cabeza bajo la ducha sin desvestirme. El agua helada me resbala por el cuello, transparenta la tela blanca y lo que hay debajo. Mi piel es perfectamente visible. Luego dejo caer una de las blancas toallas sobre mi cabeza y agito el pelo sin mucho entusiasmo.
Abro la ventana. El aire frío de diciembre me entumece la piel. Es agradable. Estoy extrañamente sofocada.
Me siento en el alféizar, a contemplar cómo la luz agoniza en los confines del mundo, y la noche se adueña de todo. La luna parece casi...rojiza. Como si me llamase.
Qué tontería.
Y sin embargo, no puedo dejar de mirarla. Sólo un tintineo rompe la quietud de la noche.
Un tintineo...¿Será un cascabel?
La toalla cae sobre el parqué.  Por algún motivo, aún me queda raciocinio. Abro el primer cajón de la cómoda y levanto el doble fondo. Debajo está Némesis. Parece una vara normal a primera vista, un poco menos gruesa que mi muñeca. Se extiende y me obedece. Artísticamente labrada por los mejores artesanos y creadores de armas...antivampiros.
En el muslo, un poco por encima de las medias, llevo una cinta de cuero preparada para Némesis. Una vez ahí, la vara no se mueve.
Apoyo la palma de mi mano sobre la superficie de mármol de la ventana. Hay unos diez metros hasta el suelo y una rama muy gruesa por el camino. Me lanzo contra ella, agarrándome a la corteza, a unos cuatro metros de los guijarros irregulares y los parterres de flores de mi tío.
¡Maldición! La irregular superficie del árbol ha despellejado mis callosas manos. Bah, es solo un rasguño. No tardará en cicatrizar.
"Huele bien"
No he percibido esa idea con mis oídos, y esto me alarma. La he oído, una voz perfectamente clara, en mi mente. Habla arrastrando las palabras, con un matiz metálico. ¿Qué...?
Némesis se materializa en mi mano. La sacudo bruscamente, un solo golpe, seco. La vara, no más larga que mi antebrazo, se extiende hasta conseguir alrededor de dos metros de longitud.
-Sal, cobarde-siseo-No estamos en igualdad de condiciones, ¿no crees?
"¿Qué importan las condiciones, chica humana? yo solo quiero tu sangre."
Un chispazo, y Némesis sale disparada. Unas manos sobre mis hombros. Frías, huesudas y antinaturalmente fuertes.
Mi alarido dura la fracción de segundo que sus colmillos tardan en atravesarme el cuello.

martes, 15 de mayo de 2012

Silent Scream

Apenas he dormido. Me escuecen los ojos, pero ya no sé si es porque tengo sueño o porque he llorado mucho. Los noto más grandes de lo normal.
Sé que no voy a dormirme, así que desactivo la alarma del despertador directamente. Esta pequeña libertad no me hace sentir mejor, y encierro la cabeza en la almohada, tumbada boca abajo. La tela está húmeda. De sudor, de lágrimas y de mi pelo.Siento el moño, medio desecho, en frágil equilibrio sobre mi coronilla.
El ventilador me escupe aire caliente sobre la espalda, una vez más. No tengo ganas de levantarme. Quisiera enterrarme bajo la fina colcha a esperar que estos dos días terminen. Levantarme el jueves y seguir deambulando sin rumbo por la vida, como hasta ahora y desde hace dieciséis meses.
Algo me pone en pie. Ah, son mis músculos. Hacen un esfuerzo por incorporarme y sacarme de la cama. Los de mis mejillas no hacen nada por sonreír. Ni mi cara por mostrar algún signo de expresividad. El mustio "buenos días" sale con un hilo de voz. Veo borroso, como si hubiera abierto los ojos en una piscina llena de cloro.
Hay unos vaqueros sobre mi cama. Servirán. Me pongo los piratas y cambio mi camiseta de Disturbed por la de Avenged Sevenfold. Hoy es su día.
Hoy no me maquillo ni la raya del ojo. Sé que voy a llorar.
El día se convierte en un borrón. Me cuesta concentrarme. No lo hago. No me esfuerzo. No sonrío. Por primera vez, no oculto a nadie quién soy ni cómo me siento. No oculto a nadie que estoy muerta. No me molesto en saludar, en hablar cuando no me apetece hacerlo, en escuchar, en abrazar a mis amigas. No, hoy no. Hoy soy Cris, y estoy triste. Hoy me siento contra el muro y me abrazo las piernas, pese al calor, escondiendo mi cara. No quiero que nadie me vea llorar. No es secreto, pero sí humillante. Es debilidad, y yo odio ser débil, sentirme indefensa. Odio que se me acerquen, y me den palmaditas. Odio que me consuelen. No pueden entenderlo. Nadie puede. ¡Joder! ¿Nadie se ha enamorado nunca? ¿Nadie ha estado alguna vez lejos de la persona a la que quería? Y que me esté leyendo "Cállame con un beso" no ayuda nada. Paula solo ha aguantado tres meses yo que yo llevo soportanto dieciséis.
Sí, hoy hace dieciséis meses.
Cuesta acostumbrarse. Hace un mes que no hablo con él y aún se me hace raro. Se me hace raro no curiosear su tuenti. Se me hace raro no preguntarle si recuerda los días como hoy. Se me va a hacer extraño, ajeno, llegar a casa y que no me llame. No me envíe un SMS. No me ponga un privado, un comentario, una videollamada o siquiera un tablón.
Ah, se me va a hacer extraño sobrevivir hoy.
Mi Tuenti está casi tan vacío de novedades como mi vida. Casi tan muerto e inactivo como yo.
Y lo único que puedo hacer es escuchar nuestra canción y echarle de menos. Los días en que tengo que fingir que soy fuerte, que puedo con ello, y ser amable con todo el mundo se reducen a todo el año. Pero el día quince no.
No pude despedirme de él, y no puedo sacarme eso de la cabeza.
Me pregunto si estará enfadado. Me pregunto si me recuerda.
Me pregunto...si se acuerda de qué día es hoy.

jueves, 10 de mayo de 2012

Sweet Dreams

Cuando abro los ojos, aún es de noche. Me incorporo rápidamente, y trozos de uno de mis sueños más vívidos acuden a mi mente. Atropelladamente, sin orden ni concierto, recompongo el más doloroso de todos mis inalcanzables sueños.
Ahora poco recuerdo, la verdad. Ah, tan dulce...
Recuerdo el sol cegador. Unas calles conocidas, sí, las que preceden a la urbanización de mi amiga, en paralelo a mi instituto. Me observo a mí misma, sin poder de decisión sobre mis actos, desde lejos. Tengo la frente perlada de sudor mientras camino como una autómata por el asfalto caliente del carril bici. Pantalones cortos, vaqueros, y una camiseta negra. El pelo no parece ni mío, densos tirabuzones golpean mi cintura a cada paso, vetados de mechas rubias, destelleando reflejos color rubí.
Giro la cabeza, como si hubiera oído una voz que pronunciara mi nombre. Veo pasar un único coche blanco, un viejo Volkswagen algo sucio. Lleva puesta una canción que conozco, una canción de mi grupo favorito, ese que adorna mi camiseta negra con su luna llena y su niña asustada, mientras la muerte se alza detrás de ella. El coche se detiene en los aparcamientos desiertos que hay junto al Parque Porzuna, y yo me quedo observando a un muchacho delgaducho y no mucho más alto que yo. Sale del vehículo y se apoya contra la carrocería blanca. Me pregunto si no se quema.
Por algún motivo, me quedo observándole, con curiosidad e incredulidad. Una chica se materializa cerca suya en ese instante. tiene el pelo rizado, aunque no tanto como yo, y el flequillo recto oculta su mirada. Ladea la cabeza para observarlo unos segundos antes de ponerse de puntillas y besarlo.
Por algún motivo que solo mi subconsciente sabe, me quedo mirándolos.
Cuando contemplo una escena romántica en general (no tiene por qué haber contacto físico siquiera) mi corazón se encoje hasta adoptar el tamaño de una nuez, martilleando furiosamente. En cada pareja, yo veo a un pequeño Dani y a una réplica de Patricia. Da igual que ella sea gorda y él parezca un stripper marchito. Da igual si tienen veinte u ochenta años. Para mí, es como mirarlos a ellos.
Pero esta vez creo que es verdad. El muchacho no cierra los párpados. Su mirada, de verde desvaído, busca a la única que puede devolvérsela. Sus ojos claros buscan mi mirada parda, y la tensión es casi palpable, como un cable de acero.
Y de pronto soy yo, solo yo, una mocosa endeble y asustada, una niña. El sudor me escuece en la frente y el cuello, siento el pulso en las sienes. ¿De qué huyo? Me pregunto al ver mis pies, tropezando por la acera. Él no va a seguirte, ¿no lo ves? Tal vez me estoy escondiendo de la situación. Tal vez quiera huir de ese recuerdo, de él abrazándola, de él besándola, mirándola con amor y deseo, acariciando su mejilla y ruborizándose bajo sus ojos.
No se oyen otros pasos que los míos. Él no ha hecho ademán de encontrarme siquiera.
Pasa el tiempo, y yo olvido los detalles. Recuerdo una fiesta, porque hay globos, serpentinas y vestidos bonitos en mis recuerdos.
Y ahora, un nuevo chispazo, otra imagen más.
Andando por la carretera, sorteando las grietas, con el accidentado borde de la acera a mi derecha. Pantalones cortos, grises, y una camiseta blanca. Calor, mucho calor. Son esas ganas de no llegar al final.
Veo el aparcamiento a lo lejos. De nuevo él, con una camiseta azul, sus ojos relucientes, a juego, esperando apoyado en la blanca carrocería.
Y por algún motivo, sé que es mi turno. Salgo corriendo, pero esta vez en su dirección. Siento el calor, el esfuerzo, oigo mis pasos y mi propia risa, histérica, y a la vez, sin resuello. Siento la colisión con su cuerpo, y percibo que lucha por recuperar el equilibrio. Y pienso que es verdad, que la espera se ha acabado. Estamos juntos, nadie ni nada va a poder separarnos jamás. Veo el tiempo pasar sin rozarnos. A su lado, nada puede ser malo. Se acabó el sufrir delante del ordenador, el echarle de menos, porque el simple hecho de haber sentido su piel contra la mía ya significa que puedo morir tranquila. Suena nuestra canción desde el coche.
Tu ausencia no me había escocido tanto hasta ahora. Pensé que era cierto de verdad, ¿sabes? un trocito de vida que me diste a probar. Te echo mucho de menos.
Abro los ojos, en medio de la penumbra. Aún es de noche. Tengo tu imagen grabada en los párpados con fuego. No necesito cerrarlos para sentir tu fantasma en los brazos. No necesito pensar en ti para recordarte.
Me incorporo, mareada. Dejo caer la cabeza sobre las manos, para mesar mi rebelde cabello ondulado
Me dejo ahogar por la pena, sí, una vez más.
Ahora soy consciente de que no ha merecido la pena. De todo lo que he perdido.