martes, 21 de abril de 2020

The One.

Una tarde, tumbada entre sus brazos en silencio, pensé en todas las cosas que me había hecho sentir en tan poco tiempo. Sentí que su recuerdo estaría allá donde mirase: cualquier cosa que le gustara, una canción romántica, una de nuestras bromas, un momento bonito oculto en las sábanas. Supe que, si él también se marchaba al final, esta vez me iba a costar mucho recuperarme y, más tarde, acabaría comparando a todo el mundo con él. Nadie estaría a su altura. Me había dejado huella.
Lo tuve claro. Había escuchado, leído, soñado mucho con el amor absoluto y perfecto de las novelas. Era la pieza que faltaba para darme sentido. El único, el verdadero, el definitivo. El amor de mi vida.

Dreaming of a fancy afternoon.

El sol intermitente en la cara, hierba húmeda bajo la manta, la tibieza de una primavera que arranca tarde. Huele a sol, a naturaleza, a tranquilidad y a cosas buenas. Es un buen momento para todas las cosas que apetecen solo de vez en cuando: una partida a las cartas, una cerveza fría, meter los pies en el agua, una mano indiscreta demasiado arriba en el muslo, jugando, tentando.
Jugamos. Sabemos que no va a llegar a más, pero nos gusta molestarnos. Tirar de la cuerda, probar a ver si se rompe. Nos gusta perseguirnos y tentarnos a dar el paso, disfrutar del principio, la anticipación, las ganas, las expectativas. Muchas veces son la mejor parte del proceso; a mí siempre me gustó alargarlo lo máximo posible, aunque fuera entre suspiros ansiosos.
Planes para pijos, podría pensar él.

Qué pena..., que solo sea un sueño.

sábado, 18 de abril de 2020

Shattered

No soy digna de confianza, y lo entiendo. Lo peor de hacer algo inexcusable es que ni siquiera puedes retirarlo. Es como romper un cristal: siempre seguirá roto. Lo único que puedes hacer es barrerlo, y esperar no cortarte con los trozos más pequeños que hayas dejado atrás.

viernes, 17 de abril de 2020

Good old dose of humble.

I thought I had it under control, you see? Shutting you out. Pain is part of withdrawal and as so I embrace it; but mind's proven It's not so easy to ignore heart's wishes. Seems like I'm still trying to catch up muy breath from these last few nights, half sleepless, half crowded with a million versions of your face.

I might be determined to be a good girl but my heart and mind are not so forgiving. Seem like they have decided to torture me.

Dear God, if you are there... somewhere... help me out on this one. Please.

miércoles, 15 de abril de 2020

Everything that is blue.

Me parece fascinante que el mundo pueda girar a una velocidad perceptible para el ojo humano. Quizá suene absurdo, pero me gusta sentarme sobre el tejado, en el semi muro de ls terraza, a las 7:10 de la mañana y contemplar cómo se aclara el cielo minuto a minuto, como halos y franjas luminosas colorean las nubes de distintos tonos de azul, cómo el mundo se vuelve menos frío e inicia la carrera hacia un nuevo día.
Se me ha ocurrido que es una pena que los jirones de nube que dejó la tormenta de ayer oscurezcan un panorama tan bonito. Últimamente, hasta puedo ver estrellas de nuevo. Luego, pensándolo mejor, se me ha ocurrido que es una buena metáfora de la vida: qué lástima que dos jirones de nubes oscuras nos hagan perder el foco, desconcentrándonos de la belleza de lo que sucede detrás, de los comienzos, del calor, de la luz.
El cielo..., El mar... Me pasaría el día contemplando los panoramas que pueden ofrecer. Soñando con, de algún modo, unirme a ellos.

lunes, 13 de abril de 2020

Insecurities over 9000

There was a time, not so long ago, where my body made me feel safe. In spite of not being besutiful, it was strong and resilient, and capable of providing  comfort and pleasure.
None of that is true now. Putting my panic aside and getting naked again, all I get is... a yawn.

Destruction.

Y luego está la culpa.

Estas palabras son infinitamente más difíciles de escribir que las de ayer. Porque duelen mucho más y porque llevan gestándose a fuego lento durante casi medio año. La culpa es un instrumento muy poderoso, sea autoimpuesta o no, puede llevarnos a hacer - o dejar de hacer - muchas cosas.
La culpa puede venir con nombres y apellidos. Los míos, los tuyos, los suyos. 

La culpa viene de alguien que toma malas decisiones y sigue sin aprender de sus errores. Que lo tiene todo a su lado y no lo aprecia, y lo cambia por una carcasa vacía de sonrisas superficiales. Alguien que es impresionable e ingenua, con el amor propio atrofiado; alguien a quien podrían sonrojar con cuatro palabras mal tiradas encima de la mesa. Fácilmente seducible por la misteriosa e intrincada lógica de una mente que esconde un vacío existencial, un "adulto" sin instinto de preservación ninguno, que va dando bandazos entre sus propias emociones y las esconde bajo una absurda capa de sardónicos chascarrillos. Ella, que es capaz de tirarlo todo por la borda - todo por lo que ha trabajado, todo lo que ha construido - por atención y halagos proyectados con muy mal gusto. Pero en el fondo no puede evitar sentirse especial, elegida por él para compartir cuatro migajas de inseguridades y traumas del pasado. Tiene complejo de salvadora, como heroína de una tragedia romántica de las que emiten en Antena 3 los sábados a mediodía.

El sentimiento de culpabilidad puede proceder, aunque solo hipotéticamente, de un treintañero que aún no se ha descubierto a sí mismo, y al que le gusta arroparse de su propia soledad jugando al ratón y al gato con esa chica joven que conoció en el trabajo. Si tuviera dos dedos de frente, podría sentirse culpable de interferir en la vida sentimental de esta mujer sin intenciones de que sus breves flirteos lleguen más allá de un polvo decepcionante en el rellano de su apartamento. Un parche efímero a la soledad de un tío al que siempre han dejado por el camino; pero es que eso es la vida: adaptarse o morir. Si, además de cerebro, tuviera corazón, podría sentir resquemor por jugar a alimentar los sentimientos de ella. Pero él se consuela porque en el fondo se está conteniendo, en el fondo... cree que la respeta. Que la valora. Él se dice a sí mismo que quiere que ella sea feliz mientras planta pequeñas semillas de dudas aquí y allá. << Deberían cuidarte mejor>>, dice. Dice también que la llama se apaga, pero que eso es normal. Y culpa de ella, también, por compartir demasiado de sí misma con él. Él cree que ha dado en el clavo, pero no acierta ni una. No sabe que no todas las personas son iguales..., y especialmente la tercera rueda de nuestra historia.

En cualquier caso, la culpa jamás debería proceder de donde resulta emanar con más fuerza. De un joven con la autoestima hecha trizas por dos décadas de rechazo hacia su cuerpo y su personalidad, nuestro canto rodado. De él, que lo daría todo por ella, que se esfuerza por comprenderla y cuidarla porque la idolatra, pero en el fondo se siente siempre insuficiente. ¿Por qué ella mira a otros? se pregunta él. Bueno, tal vez si estudio con más ahínco. O quizá si tuviera más dinero. O fuera más atractivo.
Él se esfuerza, pero ella no lo valora. Ella no lo ve. Él ve las series que a ella le gustan, pero no recibe nada a cambio. No sabe ya qué decirle, de qué hablar. Quizá son muy diferentes. A lo mejor tienen que conocerse más.
Y él, siempre ingenuo y positivo, se compromete a hacerla feliz, tiene claro que eso es lo que quiere; aunque no sabe cómo conseguirlo. El problema es que ella tampoco.

Al final, ella, adorada por ambos, aunque por distintos motivos, es un fraude. A uno lo hace sentir menos solo, el otro, pobre inconsciente, es demasiado bueno como para sentirse utilizado. Ella es peligrosamente explosiva, en toda su negatividad conocida, encontrada y reforzada. Demasiado torpe para reconocerse a sí misma y evitar los tropiezos recurrentes, para identificar los autodestructivos patrones de su pasado y eliminarlos finalmente de su vida. Ella se piensa y es pensada como inteligente, pero es la reina del sabotaje. Ella debería quedarse sola para aprender su lección de una vez por todas.
Hay gente a la que conviene evitar. Antes de que su fogonazo te lleve a ti por el camino.