lunes, 25 de noviembre de 2019

You build me up, you break me down

This new character is so much like myself that I can not help but hate her.
This is someone full of rage. After being bullied over her weight, she got skinny. And man, she thought it'd be amazing. She thought being thin would turn her life around, but losing weight can't change who you are inside.
The same happened to me, I guess. I used to stuff myself in food to numb muy feelings, because, as she says herself, 'when my mouth is not chewing, my head starts spinning'. Mine does. Spins wildly.
I feel raw, naked, insecure and vulnerable as never before.
I've lost all these layers of protection it took years to build up and now I just bark and bite. I don't know how to react to this new appearance and the way people perceive it. I don't like it very much being touched, I'm scared people might find the floppy leftovers of my former self. Except that I feel more myself than ever.
Sarcastic. Cruel. Mean. Indiferent. Lacking empathy at all levels. Classist. Introverted. Sad. Angry. Unleashed and yet so controlled...

Who is this person I'm becoming? Who is this person I'm setting free?

lunes, 18 de noviembre de 2019

I must confess.

Tengo que confesar que, cuando te han hecho lo que me han hecho a mí, los flashbacks y los triggers son reales. No sé cómo funcionará para otras personas, pero para mí no se parece en nada a lo que sse ve en las películas: no me veo virtualmente teletransportada al momento que desencadena el supuesto trauma, ni nada parecido; y tampoco me quedo en blanco. Yo lo que revivo es la sensación en sí, las emociones..., visto de otro modo, tengo pequeños ataques de pánico cuando me encuentro con uno de mis triggers, mis "desencadenantes". Los principales los sabes ya, por supuesto: restricción de movimiento, constricción de la respiración e incapacitación para hablar. 

Sin embargo, tengo que confesar que hay uno de estos momentos de miedo que me resulta muy útil. ¿Recuerdas la canción "Witchcraft", de Pendulum? Si escuchas la letra, parece que está hablando acerca de una mujer a la que van a asesinar, y ella conoce al hombre que quiere matarla. Hay ciertas partes que hablan directamente a la mujer. Le dicen que él ha llegado (...footsteps in the doorway...) y que no tiene mucho tiempo para escapar, que tiene que huír de ahí.
Escapar de la persona que te ha hecho daño, ya sea física o psicológicamente, nunca es fácil. Todos tenemos ese momento de querer salir de ahí y no saber cómo hacerlo. En la canción, ella acaba muriendo (...I can't hear her breathing...), pero yo me agarro siempre a las estrofas que me empujan a escapar, a correr lo más rápido que pueda para irme de ahí, de la situación, de los empujones, de los golpes, de los gritos, del miedo ante la certeza de poder ser yo quien, un día, dejara de respirar. Así que me aferro al pánico desbocado que espolea mi corazón en el cuello, reviviendo consciente y voluntariamente las peores sensaciones de mi vida para correr más rápido, para abrazar las sensaciones de los músculos ardiendo y los pulmones suplicando clemencia, pero corro para salvarme, corro por mi vida, y, al final, me bajo de la cinta de correr y sé que el esfuerzo de cada día es lo que me ha salvado.

Algunos especialistas opinan que estas situaciones que desencadenan emociones exacerbadamente negativas hay que superarlas. Otros piensan que hay que enfrentarse a ellas, normalizar y aceptar lo que sea que ocurriera. Yo, por norma general, las he ignorado, pero mis estigmas siguen ahí en términos afectivo-sexuales y vitales. ¿Qué clase de tarada de mierda se vuelve loca de terror porque alguien le cubra la boca o le agarre la mano?¿qué loca soy, que no puedo sobrevivir a un día al año?
Este año, en la noche del 25 de diciembre, quizá regrese a donde todo ocurrió. No sé si parecerá o no el mismo lugar, no sé si veré algo allí que se me escapara hace seis años, no sé si encontraré esa converse que perdí, aunque no lo creo. Todo parecerá igual, como si nada hubiera pasado. Tal vez eso me convenza de que nada pasó, que solo es un pedazo vacío de parque, rodeado del bullicio de las personas disfrutando de las atracciones que se montan allí en invierno. Tal vez pueda ir a patinar o comer algunas chuches. Ojalá pueda, por fin, acabar con la pesadilla.

martes, 29 de octubre de 2019

Sadness.

Es mucho más fácil enfadarse cuando tienes un culpable al que dirigir tu frustración. Alguien que te lo ha quitado todo. Cuando no, cuando ha sido la combinación de circunstancias y casualidad lo que te ha puesto en un callejón sin salida, no tenemos más remedio que resignarnos. Son los pequeños momentos lo que irán limpiando esas manchas de pena que campan a sus anchas por los márgenes de mi memoria.

martes, 22 de octubre de 2019

Let's talk about you and me.

Me acomodé la ropa interior, que colgaba lacia sobre mi pelvis y con cada movimiento creaba incómodos pliegues por todas partes, enredada en los gruesos pantalones de chándal que le había robado a mi novio para la siesta. Sin embargo, el plan me había salido mal, de forma que me quejé en voz alta mientras trataba de acomodarme las braguitas. Él me miró a los ojos y con una sonrisa descarada me dijo que no me molestase, si me las iba a quitar.
Estas palabras prendieron fuego a la mecha del deseo en mi sangre y me pegué con ansia a su cuerpo mientras sentía su mano derecha reemplazando a la mía sobre la piel de mis nalgas. Por alguna razón conservo como recuerdos especiales varios momentos como este y solo de recordarlos me sobrevuela el vago recuerdo de la excitación, sobrecogiéndome. Más que la promesa de sexo inminente, creo que el secreto está en esa actitud que le domina cada vez con más frecuencia: la voz baja y ronca, el aire de seguridad con que me toca, su forma de mirarme a los ojos y de tocarme... como quien está en territorio familiar, como quien sabe lo que hace y lo que provoca con su tacto, con cada caricia, deshaciéndome las entrañas con una sensación muy familiar de nerviosismo con sus besos, sus mordiscos, su lengua surcando mi cuello, la maravillosa visión de sus labios rojizos perdidos en mi pecho. Él sabe tocar mis teclas, es más que evidente, sus manos conocen mis rincones mejor que yo. Me hace preguntarme si podría cansarme algún día de ese estallido de adrenalina que me azota cuando me besa profundamente, buscando mi lengua con aire dominante, y sé que quiere más.

Durante mucho tiempo me pregunté si, cuando tomaba la iniciativa, lo hacía por mí o por él; ahora me importa un poco menos porque le digo muchas cosas sin palabras cuando me abro a él.
¡Ah! qué peligro, cuando alguien sabe el poder que tiene sobre ti.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Lumus solem.

Lo único más melancólico que la oscura y húmeda frialdad del invierno que, en el fondo, me encanta, es no poder disfrutar de un día tan bonito como este: cielo despejado de vibrante azul, incipiente frescor otoñal que invita a buscar la tibieza del sol y un aplastante cansancio, condimentado con el hastío de vivir bajo techo constantemente.

Quiero sol, quiero luz, quiero vida. Yo, como buena plantita, vivo y me nutro de este clima tibio y cambiante; tras años considerándome firme defensora del frío, cuya dureza jamás había golpeado verdaderamente mis huesos, he descubierto que mi verdadera estación preferida no es sino la inter-estación, concepto que me he tomado la libertad de importar de la tradición China; de manera que lo que verdaderamente me gusta es ver cambiar el paisaje y disfrutar en mi piel los soplos, más o menos cálidos, más o menos secos, más o menos frescos, de las breves transiciones entre las dos estaciones existentes, lo que disfruto es cambiar el armario, adelantarme a los acontecimientos y pasar calor en el "otoño" temprano y frío en los albores del verano, que lo que me gusta es comprobar la previsión meteorológica día sí y día también en busca de nuevos olores, nuevos colores, grados arriba y grados abajo. Quiero esa suerte de excitación que produce el cambio, quiero aguardar los días largos en verano y los maravillosos atardeceres del invierno, quiero soñarme en sudaderas grandes y suaves, entre mantas y bajo el brazo protector de bae, quiero añorar el olor del mar en verano, quiero, quiero...

Quiero ver pasar el tiempo por mí. Quiero vivir para disfrutar de las cosas más o menos nuevas que trae cada día. Mientras escribo estas palabras, por primera vez en mucho tiempo (casi desde que comencé a trabajar), siento... esperanza.
Quiero vivir para disfrutar.
¡Vivir!


Evolution

Pensé que había cambiado, y que había sido para bien. Pensaba que, después de aquella época oscura de tristeza y mal humor, me había convertido en una persona amable, desinteresada,y, a ratos, también feliz.

Sin embargo, aún hay demasiadas cosas que tengo que cambiar. No es algo que me pille de sorpresa: si pensase que ya he evolucionado todo lo que una persona es capaz, sería no solo una idiota, sino también una ilusa. Lo que quiero decir realmente es que no era consciente de que hubiera tantos aspectos de mi personalidad que me desagradasen hasta el punto en que lo hacen.

A juego con mi cuerpo, ¿no?

domingo, 13 de octubre de 2019

Tu piel.

Si me marcho... Si un día me marcho, echaré de menos tu piel.
Vestiré de duelo mis sábanas, el suelo se enfriará sin el alivio de tu ropa.
Prometo que el café de las mañanas estará helado sin tu voz para calentarlo.
Echaré de menos tu pelo entre mis dedos y el terciopelo de tus parpadeos.
Si algún día me marcho, rubio, perdóname.
Ni fue por ti ni quise hacerte daño.
Si un día me voy, será porque sé que no pasará nada.
El tic tac del reloj te coserá las heridas, pequeño y algo mejor, alguien mejor... vendrá con el día nuevo.