domingo, 13 de octubre de 2019

Asco.

No soy nada.
No valgo nada.
Ni por fuera, ni por dentro.
Mi familia lo sabe.
Él lo sabe.
Yo lo sé.

¿Qué sentido tiene ya? si doy tanto asco a los demás como me lo doy a mí misma.

sábado, 12 de octubre de 2019

Brillar.

Pensaba que tenía el asunto más que dominado..., Al fin y al cabo, el sexo es sexo aquí y en el Amazonas. No sabía cómo iba a ser el sexo con Él hasta que lo hiciéramos, pero sabía que me gustaría.
Lo que no me esperaba es que el cosmos se doblara sobre sí mismo, el reloj invirtiese su orden y los colores cambiaran de nombre. Todo, absolutamente todo, tuvo de pronto otro sentido y comenzó a... Brillar.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Sea.

Estoy aquí, pero realmente estoy lejos, muy lejos de las bancas frías, de la irritante voz de la señora rebotando contra las grises paredes, lejos de la contaminación caliente y opresiva de la ciudad, lejos del trabajo, de la universidad, lejos de la vida por obligación....
Estoy..., perdida en un recuerdo. Un recuerdo real, más vivo probablemente que yo misma. Estoy sentada en un trozo de muro de tierra y solo veo lo que iluminan la luna y las estrellas, que son miles, cientos de miles aquí, y el cielo negro se ve más bien blanquecino en algunas áreas. Mis ojos, frente al proyector mal iluminado por los focos de luz amarilla y descolorida del aula, buscan la línea donde el océano se mezcla con el cielo en una masa oscura, informe, tranquila. Desde este incómodo y desproporcionado asiento, que siento bajo los muslos como roca rugosa, contemplo el mar y pienso que ha estado ahí, inamovible, desde mucho antes que yo habitara el mundo, y seguirá ahí cuando me vaya, moviendo arena, invadiendo el Paseo durante una tormenta, alimentándose de las historias de amor que transcurran en sus orillas.
Como la mía.
Pálido como la arena, está sentado a mi lado. No le estoy mirando, pero le llevo tatuado en los párpados, así que siempre puedo verle. Le huelo, su piel, su perfume, el salitre, el repelente de mosquitos, los restos de cloro y protector solar en el aire; y más que olerle, le siento. Su piel irradia calidez, mis poros se abren para beber de su luz, mi cuerpo le llama y le necesida. Su brazo en mi espalda no es suficiente, quisiera tenerle dentro, todo lo cerca que me permita el espacio físico..., pero no pasa nada. Todo va bien. En este silencio de olas rompiendo y grillos cantando, todo va bien. Sin hora, sitio al que regresar ni cosas que hacer, todo va bien. El feliz sosiego abandonado del verano en el litoral se abre paso refrescando mi piel y suspiro tranquila. Él me besa la sien y exhala un te quiero ahogado por la humedad de la noche, calándome hasta los huesos con un amor denso y antiguo como el propio océano.

lunes, 7 de octubre de 2019

Masticando cristales.

Tensión. Como si tirasen de mis estremidades, como la piel seca de los labios cuando sonríes. Tensión estallando en el cuerpo como un elasticazo por dentro, como una goma recia demasiado gruesa, como las agujetas cristalizando en el cuerpo e impidiendo el movimiento.

La vida, estos días, está llena de obstáculos. El de luchar contra el sueño y el cansancio que se abre paso por mi cuerpo en los momentos más inesperados, como camuflada entre borregos, escuchando sin interés a la señora barrigona y displicente de diversidad. El obstáculo de respirar profundamente entre bocado y bocado, bloqueando el pánico según las calorías se suman en mi contador. El del estrés irrumpiendo en mi pecho según el reloj acelera sus tics y sus tacs y yo me quedo sin tiempo y mi agenda sin espacio para apuntar más datos. El problema de la sonrisa forzada cuando tengo que enfrentarme a todas esas situaciones incómodas: clientes, familia, familia política, amigos. Como masticando cristales; duele, pero puedo hacerlo. Se supone que debo hacerlo. Se supone que me hará fuerte y enriquecerá mi vida. Se supone que debería sentirme aliviada y contenta, pero dentro de mí solo hay tensión, presión, me rompo y no siento nada bueno, nada positivo. Se me escapa la vida; me desgasto de fingir interés, de fingir emoción, de fingir felicidad, de contarme una mentira que no me he creído nunca.

Me gasto..., me gasto, y ya no aguanto el peso que se me viene encima.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Insecurities.

Inseguridad y ansiedad, para mí, van de la mano. Cuando dudo hasta de mi hersona, todo mi entorno parece incierto, acrecentado, además, por la nebulosa sensación que acompaña a la carencia de sueño, esa de estar viendo el mundo desde el húmedo interior insonorizado de una sauna turca.

¿Verdaderamente he dicho eso?¿le he ofendido? Cuando queda bastante claro que sí, me cuestiono todo lo que sé de mí misma. Me pregunto si el problema es que tengo poca personalidad y por ello mismo robo rasgos de otras personas. Me pregunto si hay otro modo de exteriorizar esta pena y esta rabia que parecen seguirme a todas partes; por qué no puede la contención ser lo mío, por qué no puedo mantener mi fachada de silenciosa y displicente joven durante mucho tiempo. Por qué soy así, por qué no puedo cambiar.

Pero, ¿quiero dejar de ser yo?

Quiero... silencio. Silencio y quietud y tiempo. Hasta ahí tengo claro. Hasta ahí podemos leer.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Intimacy

Me ha llevado muchos años, pero al final he entendido que lo que estaba buscando de verdad, eso que no había encontrado en nadie hasta hace tres años, se llama intimidad.
Las personas como yo, que no tenemos muchos amigos ni familia y desconfiamos de la gente por naturaleza, tenemos muchos problemas a la hora de desarrollar confianza con las personas; por eso cuando te encontré fue una auténtica catársis. 
Hallé..., un confidente. Alguien que sabe lo que jamás le contaría a nadie más. Alguien que sabe leer mis heridas, las que se ven y las que no. Alguien delante de quien no me avergüenza tanto llorar, desnudarme, mostrarme sin maquillaje, ir despeinada o incluso comer. Encontré a una persona que besara lo más feo que tengo, que abriera sus emociones a mí sin repartos para demostrarme así que podía confiar en él, una persona a la que dejaría tocarme donde nadie más puede.
 
Eres tú, quien me calienta el alma. Tú, que me dices que ibas a morir solo, que me abrazas y me acaricias durante horas porque no puedo dormir, porque me dan miedo mis recuerdos. Tú, que me enjabonas la espalda con amor, que te tragas mis bajones y mis penas y mis ataques de pánico sin decir en voz alta todas esas cosas que sé que te dan miedo y angustia. Mi niño, que eres de acero, pero me envuelves con una calidez desconocida. Tan suave, tan tierno, tan duro, tan fuerte, tan bueno, tan todo, tan mío. Tú, que no me has abandonado a pesar de los vaivenes de mi humor, aunque pase más tiempo triste que feliz, aunque te haga sufrir. Tú, que aún tienes palabras para agradecerme las pocas cosas buenas que he hecho en la vida. 

Me parte el corazón pensar en quién podría no amarte. ¿Solo, tú? no mientras yo viva. He convertido en mi misión personal acurrucarme a tu lado por las noches, animarte, alimentarte, velar por tu salud y tu bienestar cada día de mi vida, darte tus caprichitos...; al menos hasta que sea muy, muy viejita y abandone esta vida, antes que tú, sí, porque soy así de egoísta y prefiero esperarte donde sea que vayamos después a verte marchar primero y vivir un solo día sin ti. Me has dado motivos para quedarme, motivos para tirar hacia adelante con lo que sea que me encuentre en el camino, una muy buena razón para seguir viviendo un día más, una semana más, un mes más, un año más; soñando con todas esas cosas que nos quedan por hacer juntos.
Como tocar tu cara dormida todas las mañanas y preguntarme por qué la perfección no lleva tu nombre.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Love and other dichotomies.

Carrie Bradshaw sostiene que los hombres no sienten las emociones del mismo modo que las mujeres, y que es por esto que pueden acostarse con una mujer y marcharse sin sentir nada en absoluto. Yo no quería creerlo, siempre me ha parecido uno de estos rancios cliché de lo que se espera de un hombre desde el punto de vista social: que sea "fuerte" y no exteriorice sus emociones, cuando en realidad pienso que ser sincero sobre lo que se siente es una de las cosas más difíciles y valientes que se pueden hacer.
Luego vino mi hermana, tras tres años de matrimonio, y me confesó una dura verdad: sospechaba que su marido nunca se había llegado a enamorar de ella, sino que había sentido un leve encaprichamiento inicial y poco más. Eso me pareció muy cínico. ¿Cómo de retorcida no tiene que ser una persona para finjirse enamorada durante un año hasta el punto de pedirle matrimonio a su pareja, y luego dejar que a esta la consuma la pena de un matrimonio sin cariño?

Todo esto me lleva a preguntarme cuánto nos enseñan a las mujeres a idealizar, buscar y mantener el amor. A parte de todo lo que implica para nosotras, bien es cierto que todo el contenido romántico que se produce en el cine, la televisión, la prensa y la literatura está dirigido a nosotras. ¿Son nuestras emociones distintas? ¿o lo es solo la manera que tenemos de exteriorizarlas y expresarlas? Biología y sociología se enfrentan una vez más en una dicotomía irreconciliable mientras la baja autoestima, la depresión y la ansiedad me hacen dudar y me llevan a preguntarme si las personas que me han dicho alguna vez que me querían lo han hecho por hábito o porque de verdad sentían lo mismo que yo