domingo, 1 de abril de 2012

Say goodbye

Los días se tornaban oscuros, y llorar sustituyó a cualquier otro hobbie. Nada de comer. Nada de dormir. Una mueca donde antes hubo una bonita sonrisa. Lágrimas y ojeras donde antes hubo arrebol. Gesto crispado y triste donde pudo apreciarse, tiempo atrás, ingenua felicidad.
Todo había cambiado, todo estaba muerto.

Final chapter.

El día en que mi mundo se acabó, yo me había levantado tarde. Me he esforzado en olvidar los detalles, y sin embargo aún permanecen a fuego en mi memoria muchas cosas que hubiera preferido olvidar.
Almorcé temprano, recogí la mesa con prisa, puesto que había quedado. A la hora de siempre, en el sitio de siempre, con las personas de siempre.
Las escaleras a la casa de mi mejor amiga no se me habían hecho tan interminables hasta aquel día. Tres tramos de peldaños hasta la casa número ocho.
-¿Quién eeeees?
Calurosa acogida, ¿eh?
-Tu madre en almíbar.
No estaba de gran humor.
Cam, conversaciones, patatas fritas, chocolate, dulces. Un rato de violación fingida, risas con la cara colorada de "el otro", chistes pervertidos y muchas sonrisas. Casi como cualquier tarde de mi semana feliz.
por otra parte, muchas ideas en la cabeza. Pronto iba a ser su cumpleaños (Al día siguiente) y yo aún no había terminado su regalo. O sus regalos. Bleh. Tendría tiempo por la noche de seguir, o eso me dije.
Quedamos en cenar las tres juntas. Era sábado y todo iba bien.
Iba.
Joder.
El Kebab estaba relativamente tranquilo. Escogimos ese sitio porque ninguna quería gastar mucho dinero -Se acercaba el salón del manga de Sevilla- , estaba cerca y a mí me traía muy gratos recuerdos. No míos, sino de otra persona.
-Menú Kebab y coca-cola.
-¿Con todo?
-Sí, por favor.
-¿Salsa?
-Mucha
Y de nuevo mi sonrisa feliz. Y no sé qué fue de ella.
Cena tranquila, mucha conversación, calma relativa.
La misma que precede a la tempestad, suele decirse.
Decidimos volver a casa de mi amiga. Ninguna tenía que estar demasiado pronto en su domicilio, y en cualquier casi, ninguna vive demasiado lejos de Simón Verde.
Creo recordar que él no estaba disponible en skype, o algo parecido.
Fui al baño y a por una coca-cola. Estaba muy tranquila.
Le saludé como cualquier día. Todo aquello comenzó en tono de broma, lo normal, lo prometido
Entonces, todo se tornó extraño y oscuro. Yo estaba atrapada, no podía leer entre las lágrimas y gritaba. Todo el mundo estaba enfadado, y yo no puedo recordar qué se dijo ni se hizo.
La pantalla del ordenador se había vuelto negra. Yo no era la única que seguía gritando y llorando, y la otra muchacha había desaparecido de escena.
Me marché. No sabría decir si estaba enfadada, decepcionada, o solo triste. Mi mundo había dado la vuelta en...minutos. No podía asimilar, ni quería pensar en lo que vendría a continuación. ¿Cómo describir el sentimiento? Es desazón, es un nudo en el pecho, presencia de catástrofe, tener los ojos húmedos e irritados, sentir frío, pero que nada te importe demasiado. Y más que eso, el dolor. No es físico, no está localizado, sin embargo, te hace querer arrancarte el corazón, pensando que es él quien lo genera. Pero yo muy bien sé que proviene de mi cabeza. De los recuerdos, los pensamientos y los sentimientos que queman como ácido. Es un dolor punzante. Cuando algo me recuerda a él, tengo la necesidad de encogerme sobre mí misma, y soy incapaz de controlar las lágrimas, delatoras, cuya presencia asusta tanto en mis alrededores. Es más que eso. Es la pérdida del apetito y el sueño. Es la inapetencia generalizada. No quiero pensar. No quiero leer. Ni jugar. Ni comer. Ni dormir. Ni salir. Ni sonreír. Ni vivir. Pero te ves obligado a hacerlo, y el dolor no remite nunca, porque le ves, le hablas, sueñas con él, y te ignora.
Me derrumbé el el regazo de mi hermano y lloré largo rato. Ahora no soy capaz de eso, porque me duele el pecho de tanto sollozar. He roto en pedazos su regalo de cumpleaños. Había decorado un papel con su nombre en finas líneas de colores combinados con el negro y había hecho una flor de Loto con el folio, utilizando un tutorial de Origami. La flor descansaba sobre la madera de mi escritorio, entre rotuladores de colores y pilot de punta fina y tinta líquida. Ahora, lo que queda de la flor imperecedera está en la papelera que hay a mi lado.
Tantas preguntas en mi mente. Si me quiso, al menos como su amiga, ¿No es lo normal dialogar? ¿Sabiendo que me duele su ignorancia? nunca había sentido un dolor así. Me pregunto si podré y cómo voy a sobrevivir a esto. Él cree que se ha acabado. Pero yo no puedo imaginar una existencia sin él. Además, yo no hablé, ¿Por qué diablos se enfada conmigo? ¿Por qué tengo yo la culpa? ¿Acaso pienso yo así? ¿Acaso escribía yo?
No me quedan ya fuerzas para enfadarme. Al menos ya puedo dejar de expresarme en frases cortas y empezar a escribir. Quizás si purgo lo ocurrido, sea más llevadero, como hablar de ello con un especialista. Sólo que sería yo misma, o algo así. Al menos me he sincerado y ya no tengo que fingir. Vuelvo a ser zombi, y reconocida además. Es una lástima que mis escrituras no sean tan bellas como el pasado invierno. Pero aquel sufrimiento, comparado con este, era delicioso, como flotar en una piscina de agua helada.
En fin, me voy a la cama, a tener otra pesadilla.
Espero que esto sea el comienzo de un final, el mío...

Kyofu

El tejado está mojado y no puedo subir, porque me mataría. Sigue chispeando, y no me apetece coger un catarro. Así que he de contentarme con contemplar el cielo desde el porche, escuchando al silencio y disfrutando de la fría humedad. Tengo la nariz fría, las manos y los dedos de los pies. Pero, en comparación, siento el corazón como un peso muerto y gélido en mi pecho. Tengo que concentrar mis energías en pedirle que siga batiendo. No sé ni por qué me molesto.
Las flores se marchitan con el paso de los minutos. Sus pétalos, alargados y sedosos, casi refulgen en su estrafalario color anaranjado. Sólo duran un día, a la caída del sol comienzan a desfallecer, como si tan solo pudieran nutrirse de su luz.
Estos días, las nubes se ciernen opresivamente sobre la ciudad, fastidiando la Semana Santa. No es que me importe demasiado, pero no podré quedar si llueve tanto como hoy.
El cielo es igualmente bello nublado. Se adivina la luminiscencia de la luna tras las algodonosas nubes, como si fuera una pantalla difuminada. Siempre me ha fascinado contemplar el cielo, podría hacerlo durante días. Cada estación es diferente, cada hora cambia.
Acunada por el golpeteo de la lluvia, medito sobre todas esas cosas que me dan vueltas a la cabeza.
<<¿Cuándo me he ido?>>
Quizás no te has ido, pero tampoco estás aquí.
Le echo de menos. Su ausencia, o mejor dicho, la falta de su cariño me impide respirar. Siento que las lágrimas regresan a mis ojos. Me trago el nudo de mi garganta y regreso, furiosa, a mi lectura. Qué comportamiento más infantil. ¡Pff! Seguro que pasará, y algún día me dirá en qué me he equivocado.
¿Y si no lo hace?
La vocecilla maliciosa de mi cabeza siempre quiere meter cizaña.
Calla, coño. Volvamos a la muerte de Edgar Linton.
Y así me dejo llevar por la lectura. Leer y dormir, ¿qué mejor anestesia?

Esa maraña de sensaciones

Es tan extraño que no sabría expresarlo.
Es recordarle cada instante. En una canción, en una letra, en un dibujo, una foto, lo que sea. Un constante enigma en sus palabras. No saber a qué se refiere. Es sentir que ha pasado una semana y esto va muy mal. Recuerdo el invierno pasado, cuando me convertí en una zombi, y echarme a temblar. No querer comer, ni dormir, ni sonreír, no tener ganas de salir de casa, de estar con las personas, leer o vivir siquiera. Y tener que forzarte a ello. Y que sólo la inconsciencia del sueño suponga cierto alivio siempre y cuando no sueñe con él, y me despierte sobresaltada. Es llorar sin motivo en los momentos más inesperados y en cualquier situación. Que en algunos momentos digas: Es un tío, no me rayo, y a seguir adelante. Pero sabes que te estás mintiendo, porque solo quieres morirte, y cada segundo imaginas nuevas maneras de hacerlo, pero sabes que no puedes, ser tan cobarde y egoísta. Forzar una sonrisa. Tratar de...de...desenredar las palabras. Y el dolor no te deja expresarte. Y a ratos te duele, pero no puedes llorar, y crees que te ahogas, y el sufrimiento se parece en algo físico. Que tengas que fingir que estás bien, porque al resto del mundo le parece una tontería, pero tú estás enamorada y sufres. Porque es muy fácil decir: Olvídalo, bórrale, mándalo a chuparla; cuando eres otra persona, pero seguramente tú tampoco harías lo mismo. Es no estar de buen humor, no poder concentrarte en lo que haces, en lo que te dicen, en la lectura o en la televisión. Que todo parezca gris, mustio. Que las cosas carezcan de sentido y no merezcan la pena. Es recordar cada sonrisa que esbozaras por él, cada sentimiento, recordar cuando se te encogía el estómago y la emoción no te dejaba ni hablar, es recordar su voz, las fotos, los comentarios, las risas, cada tablón dedicado, su nombre en mi mano, sus ojos verdes, los dibujos...Recordar cuando estaba viva, y era feliz.
Saber que has hecho algo mal, que está enfadado, y no sé por qué, ni me lo quiere decir, y me ignora, y le hecho de menos cada segundo, y son tantos "y, y, y..." que no puedo ni pensar, no saber si se está despidiendo de mí o me ha perdonado, y saber que me ha mentido, y que ha sido injusto, porque otras personas le han hecho más daño y él las ha perdonado, y yo nunca me he ido de su lado, tampoco he hecho nada, ¡Joder! Y le quiero, en todos los idiomas, no puedo dormir, ni escuchar música, ni ser humana siquiera, no puedo perdonarle a ella que tenga la culpa, ni dejar de andar como un zombi.
Y él cree que todo se ha acabado. Yo no podría ni asimilar la idea, no puedo ni considerarlo, es demasiado difícil, demasiado duro. Puedes pensar lo que quieras, que hay muchos más tíos, que me queda toda una vida, y bla bla bla, pero a mí me da igual, porque yo ahora le quiero a él, y esto está ocurriendo en el presente. Me da igual si me duele o no mañana, porque ahora mismo estoy sufriendo, y no sé lo que va a pasar. Me aturullo en esta maraña de confusión, pensamientos, ideas, decisiones, pesadillas, dolor. Tengo que pensar en ello, pero no soy capaz, y preguntarme cómo voy a sobrevivir a esto si no pude ni con lo de Klara. Y lo peor, sobre todo, es tener la certeza de que aún le quiero.
Y también tengo la seguridad de que, si me perdona, todo volverá a ser más o menos como antes.
Y yo no sé si eso es bueno o malo.

Heathcliff and me.

Siempre me he preguntado por qué no lograba odiar a Heathcliff. Me era extrañamente simpático, a pesar de ser el malo, a pesar de hacer daño, de ser un tirano, y el antagonista de la obra.
Sentí lástima por él, e incluso lloré cuando se murió.
Ahora sé que es, en parte, porque también él perdió a la persona sin la cuál no podía vivir.
Rememoro su retahíla ante la tumba de Catherine Earnshaw. Siglo XVl
"-¿Por qué me mintió hasta el final?-prosiguió-¿Dónde se encuentra? Aquí no...en el cielo tampoco...y no se ha extinguido...Entonces, ¿Dónde está? ¡Ah!, dijiste que no le importaba nada de mis sentimientos. Pues yo voy a rezar una plegaria hasta que la lengua se me seque: ¡Catherine Earnshaw, ojalá no encuentres descanso mientras yo siga con vida! Dijiste que yo te había matado, ¡pues entonces persígueme! Las víctimas persiguen a sus asesinos. Yo creo que hay fantasmas que vagan por el mundo, lo sé. Quédate siempre conmigo, bajo la forma que quieras, ¡vuélveme loco! Pero lo único que no puedes hacer es dejarme solo en este abismo donde no soy capaz de encontrarme. ¡Oh, Dios mío, es inconcebible! ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!"
En este preciso instante, puedo entender su desesperación.
En este otro pasaje, Heathcliff hablaba del amor que sentía Catherine por Edgar Linton.
"Y ahí es donde se puede ver la diferencia entre nuestros sentimiento: Si él estuviera en mi lugar y yo en el suyo, aunque le aborreciera con un odio que convirtiera mi vida en hiel, nunca habría levantado una mano contra él. ¡Puedes poner esa cara de incredulidad si quieres! Yo nunca podría haberle apartado de ella, al menos mientras ella lo hubiera querido así. Mas en el momento en que perdiera su estima, ¡Le habría arrancado el corazón y habría bebido su sangre! Sin embargo, hasta entonces, y si no me crees es que no me conoces, hasta entonces, ¡Preferiría morir con certeza antes de tocarle un solo pelo de la cabeza!"
Y este otro, tras la muerte de su amor, cita el parentesco del sobrino de Catherine con la difunta.
"Hace cinco minutos, Hareton Earnshaw me ha parecido una personificación de mi juventud y no un ser humano. Me provocaba una mezcla tan variada de sensaciones que me hubiera costado dirigirme a él de una forma racional. En primer lugar, su pasmoso parecido con Cathy me lo acercaba a ella de forma sobrecogedora. Pero esto, que podría parecerte el detalle más importante para acaparar mi imaginación, es realmente el más nimio, porque, ¿existe alguna cosa que se acerque a mí y no me la recuerde? No puedo ni bajar la vista al suelo sin que sus rasgos se dibujen en las baldosas. En cada nube, cada árbol, colmando el aire nocturno y refulgiendo de día a rachas en cada objeto, me veo continuamente cercado por su imagen. Los rostros más triviales de hombres y mujeres y hasta mis propios rasgos se burlan de mí, ofreciéndome su parecido. El mundo entero es una atroz colección de testimonios acreditativos de que vivió y de que ya la he perdido. Pues bien, la visión de Hareton acaba de ser como el fantasma de mi amor inmortal, de los esfuerzos salvajes que he hecho por llevar adelante mis derechos, mi degradación, mi orgullo, mi felicidad y mi angustia..."
Cerré el tomo con algo de brusquedad. A pesar de que Cumbres Borrascosas siempre ha sido uno de mis libros preferidos, de hecho no ceso de releerlo, no son las palabras del bellaco de Heathcliff sino una bofetada para mis heridos sentimientos.
Pero yo no soy Heathcliff, y no tengo intención de consumirme hasta la muerte.

sábado, 31 de marzo de 2012

Experiences ll: Salón del Manga.

Como introducción, me gustaría explicar al lector que desconozca este mundillo en qué consisten los salones. Son los mayores eventos "frikis" a los que asisten amantes de Japón, su idioma, su cultura, su música... Habitualmente, se realiza en salas espaciosas que disponen de dos o más escenarios para actuaciones, concursos de Cosplay y para-paras. Además, suele haber gran variedad de comics, ítems de series y grupos, no solo nipones, sino coreanos, de rock y heavy metal...vamos, un poco de todo. Un paraíso para este reducido grupo de amantes de Asia.
Generalmente, el salón de Sevilla se hace en el casino, pero este año cae en la coincidencia de que está en obras. Eso, inicialmente, es molesto, porque es el lugar más indicado y espacioso para hacerlo.
Esperamos que solo haya sido este año.
Llegué al Teatro Alameda en coche, escoltada por mi hermana mayor. La gente saltó sobre mí nada más llegar. Carai, no era consciente de que tuviera tantos conocidos. Hubo muy buenos cosplays, pero yo no soy muy aficionada a eso. Me puse una camiseta de Black Rock Shooter. Yo lo conocí como OVA, pero ahora han hecho una serie. Pues mejor. Llevaba medias de rejilla, con pantalones cortos (más bien bragas largas) y botas de piel negras. Guantes bicolores, mucho maquillaje y mechas.
¿DOS EUROS LA ENTRADA? El año pasado era más barata, más les vale que el salón sea bueno. Más o menos ese es el resumen del pensamiento colectivo. Yo no tenía grandes expectativas, sabedora del escaso espacio del teatro. Y al entrar...menuda decepción. Tienda de información, taller de Dibujo, las mesas típicas de los torneos de Magic y roll y seis tiendas. La zona de lectura era un reducto en lo alto de unos peldaños, y la gente aprovecha para leer allí comics, de los que puede disponer todo el mundo siempre que los devuelva después. Tampoco localicé la zona de Rammen, y más tarde me enteré de que no había. El escenario era lo único bueno. Espacioso, bien iluminado y accesible desde casi todas partes.
Aquello era demasiado pequeño para lo que yo estaba acostumbrada, y toda la gente que fue al del año anterior no cabría allí. En realidad, no había cavidad ni para un tercio. Y no me equivoqué, la verdad, porque no llevaba allí ni media hora cuando se hubieron agotado las entradas, y la gente hacía colas kilométricas para entrar. El salón de Sevilla siempre ha sido uno de los más grandes y famosos de España, y vienen personas de toda la península.
Qué chasco más grande.
Ojeamos las tiendas y vaciamos los bolsillos. Tomos en japonés, imposibles de encontrar en otras ocasiones, el típico gorrito de Angry Birds, camisetas de BRS, FF, ESDLA, etcétera...
Casualmente, conocía a todo el mundo. No cesaba de desaparecer, como decía Mei, con cada uno de mis conocidos y amigos, que no eran pocos.
Fran, Marina, Silvia, Violeta, Ami, Cris, Alois, Matías, Alvin, Pablo, Elia, Alba, Mady, Elba y su novio, Luca, Sue, y una interminable lista que no me apetece rememorar.
Tampoco la música me era indiferente. Cuando no había para-para (baile) para alguna canción, daba la casualidad de que sabía cantarla. Ya fuera por tratarse del opening o ending de algún anime, o por ser de un grupo japonés. Y si me sabía bien el baile, arrastraba a quien tuviera más cerca hasta el escenario, para servir de ejemplo a los noobs, o solo reírme un rato.
Luego fue el concurso de Cosplay, algunos con actuaciones. Impresionantes disfraces, caseros o comprados, desfilaban ante nosotros. Wow. Vocaloid, Final Fantasy, Assassins Creed, y otras que no conocía. Incluso un grupo de chicas disfrazadas magistralmente de princesas de Disney desfilaron cantando por el escenario, cada una su canción. Giselle, Aurora, Bella, Ariel, Mulan, Rapunzel, Jasmin, Lilo, Pocahontas...
Creo que ellas ganaron el primer premio.
Dibujo, baile, a tomar aire, compras, baile, gente, baile, amigos, baile, risas, baile, fotos y más baile.
Estoy reventada. Andando de acá para allá, corriendo, gritando, buscando a la gente... En fin, caótico. Un caos divertido.
Me enteré de que cerraban a las ocho, y Mei tenía que volver a casa antes de las nueve, así que calculamos una media hora para llegar al metro y otra de viaje. Al final, cogimos un autobús, que nos salió más barato. Música y más miradas extrañas. Mei se fue pronto, su madre se enfadaría.
Cuando la abracé para despedirnos, supe de alguna manera que me estaba tirando un farol. Decidiera Dani lo que decidiera, yo perdonaría a mi amiga. Porque ella quería defenderme.
La siguiente en despedirse fue la peque, Violeta, que había quedado con otra persona. Sussy, que había vuelto de Marruecos, como todos los demás. Perdimos a Esteban y a Elsa de vista, y de pronto estábamos en Ciudad Expo, en el circuito 1. Nos sentamos en un banco y pude descansar por primera vez desde que me levanté, disfrutando del frescor de la creciente oscuridad, admirando como siempre el manto estrellado. Exhalé un suspiro involuntarios mientras escrutaba la tenue luminiscencia de los astros. Verdosa, celeste, plateada. Bella, diferente. No tengo palabras para describir lo hermoso que me resulta el cielo. Elba, reclinada contra mi pecho, escuchaba el relato de nuestro amigo, que tenia un aire melancólico. Él se mesó el espeso cabello rojizo mientras hablaba, y cuando terminó su triste historia, me miró. Me puse nerviosa un momento, pero él puso la mano en vertical, orientada hacia mí, con la evidente intención de chocar conmigo. Cuando alcé mi palma contra la suya, retuvo mi mano, entrelazando los dedos, y yo sonreí. Quizás porque él sabía que yo estaba pasando un mal momento, puede que solo fue un momento de complicidad.
Sonó el móvil de Elba. Tocaba trasladarse al Game, para ver a Josemi. Acabamos en Metromar con Esteban, que se unió después, y Elba nos invitó a comer.
El día "terminó" en una escena de lo más pintoresca. Detrás del dentro comercial, en el silencio y la oscuridad de la noche, contra un muro, cuatro amigos sentados y hablando. Elba y yo sentadas, Alberto apoyado en ella, acariciándole el brazo, y yo jugando con la mano de mi amigo a la vez. Esteban trataba de entrar en Tuenti con su único brazo desde el móvil de Elba, que constituía un galimatías para él.
Cuando Elba se marchó, Esteban cogió el metro y desapareció camino al Puente de Triana, popularmente conocido como "el río". Alberto y yo nos quedamos solos, y yo le acompañé a su casa. Creo que no recordaba dónde vivo, porque pensó que me quedaba con él en el Circuito 1.
Seguimos riendo, manteniendo la conversación en la superficialidad, me dije, o si no podría ponerme sentimental. Así que nos despedimos de muy buen humor después de un día alucinante.
Llegué a casa, cansada y entumecida. Después de una exhaustiva descripción de todas y cada una de mis actividades y sensaciones a mis padres, me metí bajo la ducha. El agua caliente empañó los cristales, borró la pintura de mi cara, y me quitó de encima la tensión, el dolor, el cansancio, el entumecimiento, y gran parte de la tristeza que comenzaba a cernirse sobre mí como una nube vengativa. Desenredó mi pelo, que cayó como una cascada negra por mi espalda, y al fin pude deshacerme del sudor, de la lluvia, de la tierra, del polvo, las lágrimas...
Cuando mi piel desprendió el suave olor del perfume y el jabón, y estuve en mi cama mirando las estrellas, pude sentir vagamente la paz del momento, entre la tenue luminiscencia azulada del mando estrellado, una vez más, titilando...

viernes, 23 de marzo de 2012

Experiencias.

Si fijabas bien la vista, el aire se ondulaba por el calor. Es un fenómeno bien común, pero yo no me fijo tanto en esos detalles. La hierba hacía que me picara la piel, el corazón me latía como el de un colibrí por culpa del Monster y tenía un dolor de cabeza impresionante. El aire hedía a cachimba, la gente gritaba a mi alrededor, y yo estaba atrapada entre el gentío. traté de enfocar la vista. La gente se pegaba en un "Pogo" como nunca lo había visto. Se lanzaban salvajemente unos contra otros, y no me atreví a meterme por miedo a que me pisotearan. Levantaban una nube de polvo.
En la destartalada plataforma negra, vallada, había gente. Un grupo de música, enteramente vestido de negro y ostentando calaveras y cruces góticas por doquier. Gritaban, sacudían las vaquetas contra la batería, arañaban las guitarras bastamente. La melodía, pese a todo, resultaba reconocible.
Puede sonar sadomasoquista, o estúpido, pero algo tiene ese ambiente que me gusta. Aparte de los borrachos, los emporrados, y esos locos que te encuentras en cualquier parte,todo el mundo podría haberme comprendido.
Alcé el brazo, arañando a la gente con los pinchos de mi pulsera. Lo agité en el aire, salté, gritando. Sentí que se me corría el maquillaje. El polvo se me metía en los ojos. Las dos lágrimas negras que rodaban por mis mejillas me daban un aire siniestro, según me dijo Ali más tarde.
Hablando de la reina de roma. Dejó caer el brazo sobre mi hombro. Olía a alcohol.
-¿Te queda vodka?-Me preguntó.
Parece que se había olvidado de que no bebo.
-Ahora te consigo un poco-le prometí-. Quédate aquí y no te metas en el pogo. La cosa anda chunga.
Se tambaleó, y dirigió su atención hacia el escenario donde comenzaba a sonar Sweet Dreams. Comenzó a moverse al son de la música. Andaba achispada, pero aún no estaba borracha. Buena señal.
Curro me vio. Se acercó, me estrechó y me besó en la frente.
-Ten cuidado ahí
Adoro la forma en que se comporta conmigo.
-Tranquilo, ya me iba. Eso se está desfasando-hice una pausa, sin saber por dónde empezar-. Necesito un favor, Curro, ¿Puedes conseguirme alcohol?
-Pensaba que no bebías.
-Y no bebo.
-Veré qué puedo hacer-suspiró-. Hablemos con Selu
Selu debería llevar unos doce vasos de Vodka a palo seco en vena, y sin embargo parecía el más sobrio de todos.
-Hola, papá-le saludé en broma.
Él me arrastró a su malsano círculo de borrachos.
-Hola, peque- lo que yo decía, perfectamente lúcido-, ¿Qué necesitas?
-Vodka. No hace falta que sea bueno, no creo que Ali note la diferencia entre aguarrás y vodka alemán.
-Pues el que nos queda se parece más a colonia que a otra cosa- silbó con admiración-, Ali debe tener un estómago de hierro.
-No tanto como el tuyo- me reí
Me pasó la botella, yo se lo agradecí como correspondía y se la hice llegar a Ali. Luego me escondí entre la arboleda. Tenía algo que hacer.
Con el regusto dulzón del Monster y la sensación de ser inmortal me acerqué a él. Se mesó el cabello castaño, largo, vetado de rubio. Yo aparecí detrás de un árbol, me apoyé sensualmente contra él, me levanté un poco la camiseta.
-¿Ya te has olvidado de mí?
Me extrañaba su comportamiento, distante. Dos semanas atrás, rechupeteaba mis labios como si no hubiera un mañana. No lo hubo, ciertamente.
Dio un respingo. Luego se me acercó, con aire taciturno, y me dio un beso suave. Yo, ávida, traté de retenerlo en un abrazo, pero él se desasió, sonriendo de forma extraña. Luego cogió su espada y se marchó corriendo, sin resuello, entre los árboles.
Inflé los carrillos como muestra de mi descontento.
Volví al concierto, donde las cosas se habían salido de madre. La gente había comenzado una auténtica pelea, y yo ya no podía más.
Se supone que una quedada de las características que fuera está diseñada para que la gente se conozca, comparta gustos poco usuales y se divierta. Las drogas y el alcohol puede ser el mejor ambiente del mundo para aquellas personas que sean partícipes de semejantes estupideces, pero no para mí. No soy de las que cargan con amigos borrachos, hace mucho que dejé ese mundo atrás.
Me despedí de mis amigos, de los de verdad, y dejé atrás el ruido, los vicios, la tentación, me sumergí en la apagada melancolía de quién espera algo que al final no ha obtenido. Me sentí realizada e inteligente en cierto sentido.
Y también un poco triste, sin motivo, mientras me alejaba en el vagón solitario de metro.