domingo, 29 de mayo de 2016

Pesadillas sobre huidas novelescas.

Anoche tuve un sueño extraño, como casi siempre. Las imágenes estaban teñidas de tonos pasteles, y brillos desenfocados tipo orton, pero todo tenía tanto sentido que al final se convirtió en una pesadilla. Fue tan raro que, como no podía ser de otra forma, aquí van los pocos fotogramas que recuerdo:

Estoy sentada a la mesa del comedor de un salón que instantáneamente reconozco como mío, a pesar de no haberlo visto en mi vida. Es como imaginaría la casa de los Fairlie si hubiera vivido en la época del Londres victoriano: altas habitaciones muy recargadas, a mi espalda, grandes ventanales blancos dejan entrar una luz pálida y grisácea propia de un día nublado, el amarillo pálido de las paredes oculto tras un horror vacui de eternos cuadros pintados al óleo y grandes espejos de bruñidos marcos dorados. Por todas partes, muebles de madera tostada con enormes asideros, patas curvas, platos e imágenes sobre ellos, pequeños trapitos de ganchillo. La mesa de comedor no es una excepción, y contemplo un poco embobada la vajilla blanca de líneas azuladas (¿un remanso de mi mente se quedó con la cerámica Ming?) delante de mí, conteniendo una profusión de tostadas, salchichas, huevos, té, café, zumo... todas las cosas que básicamente no tomo para desayunar. 
A mi lado está mi madre. No mi madre real, con su piel aceitunada, su enorme y preciosa sonrisa y su sencillo cabello liso y negro pulcramente recogido con un pasador. No es ella, y sin embargo una parte de mi mente la observa anonadada: está sentada en una silla, erguida en una postura completamente normal. A pesar de la tensión que se adivina en sus músculos y del ropaje pomposo, puedo ver los hombros finos, el pecho firme y la cintura estrecha, un cuerpo hermoso y esbelto. Su rostro, sin embargo, apaga la emoción de mi corazón con una expresión bastante desdeñosa y snob. Sus grandes ojos están ocultos tras un maquillaje muy poco natural, su piel artificialmente blanqueada, su hermosa sonrisa un rictus despreciativo, todo ello enmarcado por una cascada de tirabuzones oscuros.
Alguien se aclara la garganta. Un hombre calvo, gordo y sudoroso se restriega torpemente su gran bigote rubio con una servilleta de tela y carraspea de nuevo.
-Aquí, hmmm..., querida...
Me tiende una cajita verde de madera con un lazo ribeteado de blanco. Algo en él no me gusta, no quiero verle y mucho menos tocar algo suyo. ¿Y mi padre, dónde está? de pronto siento a mis hermanos mirándome en sumiso silencio desde el otro lado de la mesa en manso silencio.
-No lo quiero. - Siento la rabia bullendo dentro de mí, un sentimiento definitivamente anormal.
-Cristina.
Nadie me llama así nunca.
- ¿Qué?
Y de pronto estoy gritando toda clase de cosas insultantes, crueles. La clase de reproches que duelen en el alma según hieres y enfadas a la otra persona cada vez más. Y mi madre también me chilla, desquiciada, que ella puede amar a quien sea y que tengo que respetar a mi nuevo padre, pero por alguna razón parece inadmisible. En mi cabeza, Mr. Bigote-de-morsa-rubia tiene la culpa de que mi padre, sea por la razón que sea, no esté sentado a la mesa con nosotros. De que no esté en absoluto.
Así que salgo corriendo de esa falsa escena hecha un mar de pasos furiosos. Es curioso, cuando salgo del salón, el edificio cambia y vuelve a ser mi hogar, y la no siento los volantes y lazos de un vestido novelesco, solo la tirantez habitual de mis vaqueros según bajo las escaleras y huyo de la casa.
Según piso la calle me doy cuenta de que ya no estoy en la ciudad en la que crecí, y huelo a salitre. Incluso dentro del sueño pienso que es una escena digna de un drama de televisión. Giro hacia la derecha y echo a correr, experimentando una sensación curiosamente realista en el cansancio muscular y el ardor de los pulmones. El cabello me azota la espalda y mi zancada se alarga según llego a un pequeño puertecito de madera, con barandillas blancas y puestos de comida, todo con un aire muy a Boston. Sin pensármelo dos veces, queriendo huir, me paro en la cola delante de un pequeño buque impecablemente blanco y entablo conversación con una señora de aspecto bastante alemán, pelirroja y rechoncha.
Ya arriba, nos sentamos en el suelo bajo la luz rojiza del atardecer. Le hablo de mi nuevo padre y de la actitud despreciable de mi madre, y por alguna razón se me pasa el enfado según ella me convence de que debo amar y perdonar a mi familia. Entonces me doy cuenta de que no tengo ni idea de a dónde va el barco, y de que me da miedo correr semejante aventura, ya está bien de huidas novelescas. Le doy las gracias a la señora alemana y bajo corriendo por la escalerilla (preguntándome cómo es que no he pagado nada, ni nadie me lo ha pedido) con la intención de volver a casa.

sábado, 28 de mayo de 2016

Not sorry, not goodbye.

No puede ser, y sin embargo, es. ¡Y tanto que es! delante de mí, sólido, suave, cálido como nunca me había atrevido a imaginarlo.
Pero no puede ser. Volvemos a lo mismo. Creo en todas las cosas que la gente no quiere creer, y esta vez creo que has llegado demasiado tarde. Sabes que no puedes amar a nadie. Sabes que solo quieres que no me vaya de tu lado. Sé que no me quieres de otro modo, no como siempre anhelé, no como yo te quería.
Pero eso está bien, porque las cosas cambian, y esta vez no es una excepción. No, lo que tenemos no se lo ha llevado el viento. Yo te quiero. Te seguiré abrazando cuando tengas un mal día. Aún puedes apoyar tu cabeza en mi regazo, y aún te acariciaré ese hirsuto cabello tuyo.
Pero no esperes más. Yo he cambiado, pero si tú cambias conmigo, esto ya no tiene sentido. Aún seguiré escuchándote cuando tengas un problema, seguiré cuidándote siempre que pueda (y te dejes, mi pequeño gatito arisco). Pero no serás el primero ni el único. Y eventualmente, la vida seguirá su curso, y si queremos evolucionar con ella, supongo que tienes que saber que nos estancaremos aquí para siempre. Ya no voy a ir a buscarte, no me quedaré contigo para siempre.
Esto es una disculpa, por favor, no lo conviertas en un adiós.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Xue Wu.

Estoy asustada.
¿Qué va a pasar con mi felicidad si todo el mundo se sigue marchando?
Sé que es ley de vida,
pero eso no lo hace más aceptable.

Lucky charm.

I feel like there's a tiny little sun warming me from my belly. It spreads many sensations that explode along with its waves. There's a trembling feeling of happiness and nervousness in my chest, my legs feel like melted butter and there's something with the taste of soft cozy love I'd get at home, surrounded by all people I love.
I literally couldn't be happier at that time. Quietly happy. I didn't laugh loudly, but I smiled from the botton of my heart. I had amazing old and new friends, a lovely family. Wonderful memories to share. Lots of work and learning ahead. His hand on my hand.
Greatest summer ever lived is waiting for me. After the exams are finished, I'll be going to the beach with my girls, meeting Ali all day long, hanging around, seeing my boy, visiting Málaga with my little sunshine, enjoying some "secret plans" and, to end summer up perfectly, I'll be visiting Rome. I can't wait for all these stuff to come, but I wait for all of it nicely, softly, wisely, as I live, love and smile like I've never done before, as my tiny little sun gets bigger and warmer.

domingo, 22 de mayo de 2016

#MásAnorexiaMenosGordas.

Esa linda frase que he colocado como título hoy en este post no es otra cosa que uno de los trending topics más comentados en Twitter hoy.

Se me ocurren tantas cosas que decir que dudo mucho que una entrada sea suficiente. Curiosamente, me siento más triste que enfadada, porque pensaba que el estándar de belleza física estaba evolucionando. Diversas corrientes de pensamiento han hecho un trabajo fabuloso por promover los cuerpos de mujeres gordas, delgadas, altas, bajas, atléticas, con más o menos curvas, de diversas etnias y con distintos colores de piel. En algún anuncio, en alguna canción, en campañas de todo tipo.

Pero supongo que me equivocaba.
En parte creo que este TT es la creación de un grupo de personas aburridas que quieren sembrar polémica, y la mayoría de los que intervienen piensan, como es lógico, que la idea que promueve ese eslogan es estúpida como poco.
Pero habrá quien sufra por ello, ¿sabéis lo frágil que es una mente que recae? Sencillamente, muchos de los que leéis esos mensajes no sabéis lo que se siente cuando te odias a ti mismo con todo tu ser, cuando te esfuerzas tanto y no ves resultados, cuando pierdes todo lo que te importa. Las chicas (y hablo solo de mujeres porque el hashtag dice "menos gordas") que entramos en algún momento en este tipo de ciclos de odio y represión hemos sido atormentadas todas sus vidas por sus cuerpos. A fin de cuentas no es más que otra afirmación de que las mujeres solo importan por cómo luzcan y no por quiénes sean o cómo piensen. Así que a vosotros, seres humanos Adonis de este planeta, no os importará que mujeres de toda condición arriesguen sus vidas, hundan su autoestima y arruinen su felicidad y la de sus seres queridos si lucen como queréis que luzcan.
No pasa un solo día sin que oiga a alguien desprestigiar a una mujer por su aspecto, su ropa, su cuerpo o su rostro. Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que se debiera hacer lo mismo con los hombres (que también tienen sus tópicos, sus estereotipos y sus estigmas), sino que este comportamiento debe cesar de inmediato. Las mujeres no somos un complemento. Las mujeres debemos tener el cuerpo que queramos tener. Las mujeres no tenemos que atender a vuestras peticiones ni exigencias, pensamos por nosotras mismas.
La anorexia no es solo dejar de comer. No es una broma. No es una dieta estricta. Anorexia es tener hambre y odiarte por ello, perder las fuerzas, sentirte un deshecho inútil y asqueroso. Anorexia es castigarte por comer, desmayarte continuamente, enfermar. Cerrarte a todo el mundo y a todas las cosas, porque nada tiene interés ni sentido; y así, mientras tu cuerpo languidece, ni siquiera puedes luchar por salir adelante. Después de todas las cosas que he visto, después de todo lo que he llorado con cada insulto, con cada hora de ejercicio y hambre, con cada kilo pesado... Después de todo eso, me pone enferma y furiosa que juguéis y opinéis tan libremente sobre la vida de personas como yo.
Y todo porque vosotros pensáis que somos más válidas si estamos más delgadas. Hacéis de este mundo un sitio repugnante en el que vivir.

sábado, 21 de mayo de 2016

To be afraid of people.

Temo cosas que nunca antes me habrían preocupado. Temo la vulnerabilidad, el juicio, dañarte y dañarme, y dejarme llevar y perder el tiempo a tu lado, temo gustarte, y sonrojarme, y temo tus manos sobre mí, y me da aún más miedo imaginarlo todo, y mis propias trabas. Temo tantas cosas de ti y de mí juntos...

Towards the sky.

¿Alguna vez habéis mirado el cielo por debajo del agua?
Esa superficie infinita de azul profundo y sin mácula, quiero decir. Sumergíos en el agua límpida y cristalina y girad. Mirad hacia arriba. Vuestro movimiento y las burbujas de oxígeno se alzarán, rompiendo la superficie, y los destellos del sol crearán suaves rupturas plateadas sobre las olas, que dibujan sombras sobre sí misma, convirtiendo el cielo en una miríada de chispas resplandecientes, como la luz cayendo sobre un diamante, y transparencias, ondulaciones y azules. Haciendo de él, del cielo, algo único y maravilloso.