sábado, 28 de abril de 2012

Feria de Abril.

¡Ya llegó la feria! A decir verdad, está a punto de terminar. Me gusta tanto que, mira, voy a dedicarle una entrada. Por fin algo un poco más feliz, ¿eh? Aprecio el acontecimiento porque es una de las pocas cosas en que se me podría considerar normal. No solo porque me gusten las atracciones (que también) sino porque no me corto. Me gusta el ambiente, reírme, el rebujito, y sobre todo, bailar. No me gusta el flamenco ni las sevillanas, pero sí resulta divertido. Desde hacer un poco el tonto con alguna amiga hasta bailar en serio, paso por paso, sintiendo el vuelo del traje. Sientes la música, el súbito impulso de sonreír, girar como una peonza, tocar las palmas y taconear. Aunque no me guste la sevillana.
La feria de Sevilla es mágica. La enorme noria, las luces, la adrenalina en las atracciones...velocidad, volteretas, colores, miedo...La barca Vikinga, El Inverter, el Giant XXL, el Top Gun, El Tiki Taka...Gracias a todos ellos, estoy afónica.
Ha venido bien. En eso pensaba mientras volvíamos en el autobús. Me dolían las piernas del roce, los pies por culpa de mis cuñas rotas, la garganta a causa de los gritos, y la cabeza por culpa del rebujito. Aún así, tenía la extraña sensación de flotar, de risa floja y bromas a flor de piel. Apoyé la cabeza contra el frío cristal y me arrebujé en mi mantoncillo rosa. La gente me mira, pero ya no muestran asco, miedo ni curiosidad. Me miran como a cualquier humana, cualquier gitana que sepa bailar, como a una adolescente un poco idiota. Cualquier chico podría fijarse en mí, no solo un heavy o un friky o...¿Qué digo? Quizás he bebido demasiado, me dije.
Y me concentré en recopilar las sensaciones vividas aquella jornada maravillosa. El sudor en las sienes, el calor, la gente, la sevillana atronando, y yo girando casi graciosamente con mis amigas y amigos.
Al estaba sentado en una silla, dándole vueltas al vaso de rebujito. Vacié lo que quedaba del mío de un trago y rellené el catavinos. Un trocito de hielo se coló en el vaso, que se impregnó de vaho debido a lo frío de la bebida. Respiré hondo.
-¡Vamos!-Le grité
Le cogí de la mano y le saqué al escenario. Por suerte, se sabía los pasos, y un poco confundido, me siguió durante las cuatro sevillanas, mirándome a los ojos todo el rato, con una mano vacilante en mi cintura.
Sonreí con ganas al cristal ante el recuerdo. Ahora Al dormitaba a mi lado. Su mano buscó a tientas la mía y nuestros dedos se entrelazaron. Yo no pude sentir gran cosa, sin embargo.
Miré por la ventana una vez más. Había comenzado a llover, formando surcos en el cristal, creando caprichosos dibujos. Tu rostro pareció dibujarse entre las gotas de agua, mirándome inquisitivamente, acusador.
"Te echo de menos" Quise decirle a tu imagen. Pero, como tantas otras veces, como tantas otras cosas, terminó por desvanecerse también.


miércoles, 18 de abril de 2012

Hoping for a Change


Tengo miedo. Tengo dudas. ¿Quién soy? ¿Me gusta de verdad esto en lo que me he convertido? En camisetas de chico grandes, todo negro, converses, pinchos, cruces, cadenas, negro, rock...¿Por qué lo exhibo? ¿Qué gano con mi etiqueta? ¿Por qué me mira la gente? ¿Por qué no puedo volver a lo que era? Quiero ropa elegante, quiero quitarme mi etiqueta, quiero dejar de dudar de mí misma, quiero...tantas cosas...Quiero volver a ser auténtica, no dejarme llevar por lo que los demás quieran, volver a sonreír siempre, ser tímida y mona. Esa no soy yo, no, es mentira. No estoy loca, no estoy salida, ¿Quién es esa? Una chica pálida, con el pelo oscuro y los ojos pintarrajeados. Tiene los labios rojos, como una cualquiera. Y viste de negro completamente. No luce las curvas bajo las camisetas anchas. Y parece que siempre lleva lo mismo. Y me contempla con ojos vacíos y rostro inexpresivo desde el espejo.
Uf, necesito un cambio. Necesito irme, olvidarme, dejar de sentir por un momento. Necesito hacer borrón y cuenta nueva. Prender fuego a mi pasado. Cambiar de sitio, de ropa, de estilo, de amigos, de música, de hábitos, y de forma de ser.
Pero no es posible
Sólo sé que nunca me había sentido tan vulnerable. Siempre creí firmemente en mis ideas, en lo que quería y buscaba de mí misma. Ahora estoy perdida en mi propia pesadilla, sólo que no puedo despertar o ver más allá de las tinieblas.
Tan perdida.
Tan sola.
Tan extraña
Pensaba que me había encontrado a mí misma. En realidad sólo me refugié en mi lado oscuro. Pero no puedes explorar la oscuridad inundándola de luz, o eso dijo Edward Abbey.
Sólo sé que yo antes era diferente, feliz, segura, decidida. No me dejaba arrastrar, no era esclava de nadie. Y ahora me siento prisionera en mi forma de ser de las demás voluntades. ¿Soy lo que los demás quieren que sea? ¿Soy una falsa? ¿Una poser? Quiero volver a ser original, auténtica, única.
"Sólo te pido que las decisiones que tomes las lleves a cabo hasta el final" Me dijo.
Me pregunto si seguiré siendo tan fuerte como antes.

"Las tinieblas son la prueba de que también existe luz" ¿Sabéis quién lo dijo? Yo.

domingo, 15 de abril de 2012

Since January

Pocas palabras podrían ilustrar ya lo mucho que él significa para mí.
Es la luz que disipa mis tinieblas, la luz de cada mañana. Mi estrella de día y mi sol de noche, tanto que me ciega. Luz, como la que destilan sus ojos verdes.
Es la fuerza para dar un paso adelante, un salto en el vacío. La fuerza para sonreír. La fuerza interior para obligar al corazón a que siga latiendo.
Es la promesa de la felicidad, de la lucha. La promesa que le hago al mundo de no rendirme, la promesa que le hago de permanecer aquí siempre, de quererle hasta que no me quede amor para nadie más. La promesa de que merece la pena seguir a su lado.
Es una huella en mi corazón, mi mente, mi piel y mis pertenencias.
Es un nombre grabado en cada esquina de mi existencia.
Es el olvido de que existen más personas a parte de él.
Es la ignorancia, porque no me interesa nadie que no seas él.
Es tiempo. El que llevamos juntos, el que nos queda por delante. Tiempo para pensar, sentir y amar.
Es esperanza de seguir adelante, de amar y ser amado, esperanza de un mundo mejor, esperanza de crecer como persona
Es música, para hacerme llorar y reír, para hipnotizarme con su voz.
Es sentimiento. Todos los nuevos, los que recuerdo y los que me quedan por experimentar a su lado.
Es el recuerdo de todos los instantes vividos, todos los momentos compartidos. Todas las palabras pronunciadas, acariciadas en mi mente y mis memorias
Es la sabiduría, la madurez, el poder aprender de lo que piensa, abrir los ojos y darme cuenta de tantas cosas...
Es suerte. La suerte que tengo de haberle conocido, de haber formado parte de su vida un solo segundo siquiera.
Él es, entre tantas otras cosas, la razón de mi existencia. Le quiero :)

Redrum

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando su plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
Fue, posose, y nada más.

Esa negra y torva ave trocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ese penacho rapado-le dije- no te impide ser osado,
viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿Cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

****

Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará...¡nunca más!
Edgar Allan Poe.

Cerré el poemario tras releer mi favorito. Me instalé junto a la ventana al ver que los cristales de mi habitación se habían empañado por la fría humedad de noviembre.
Habían pasado tres meses desde que le había perdido. Esperaba alguna señal, alguna despedida, cualquier cosa que aliviara mi alma torturada.
Miré hacia el cristal blanco con ansiedad.
Cuando se extinguieron los últimos compases del disco de Mahler, le pregunté al cuervo que custodiaba mi alma:
"¿Nunca más?"

when we were dead

Sun was hidding into de clouds
Black birds flew over the graveyard
I was feeling hald dead inside
Without knowing you were half alive

Who is knocking the door?
What is this scent of lilies?
Where does it come from?
Darkness is coming down
My soul scapes the eternal cage

I squatted on your gravestone
full of ivy, oblivion and frost
my hand uncovered your sad name
Someone who left ages ago

Welcome, sorrowfull girl.
Why are you alone in here,
so far and near?
I'm now just behind you
Let me embrace your living corpse

Suddenly an invisible touch
Held me close and breathe "oh, my love"
I turned round but no one was here
My heart rushed with wonder and fear...

NIKOSIA.

sábado, 14 de abril de 2012

Another day has been revoured.


Sentíamos todas la tensión en el ambiente. En realidad, aunque se presentía catástrofe, tampoco hacía daño un poco de llorera y desahogo. No todo puede ser siempre entre dos o tres de nosotras. Somos cinco, para lo bueno y para lo malo. Mei comenzó con su historia. Yo, que la conocía bien, descubrí en sus pestañeos y vacilaciones la mentira. Ya lo dejaría para después. Sussy encaró con ella, comenzó a discutirle cosas que sabía...a medias y en su pellejo. Dos grandes lágrimas resbalaron por las ruborizadas mejillas de mi amiga. La música ahogaba una conversación. Amor, siempre amor.
-Tía, yo sé lo que sientes, yo he salido con un tío de Granada y otro de Madrid...-Esa era Sussy, cómo no.
-Pero es diferente. Yo daría...-Su voz flaqueaba con las lágrimas- lo que no tengo por estar un ratito con él. Por decirle que le quiero. Sólo eso.
-Tú, al menos-intervine con voz rota-tienes la certeza de que él te dirá que también te quiere. O te besará. Yo no sé ni si me reconocería por la calle. No sé si le importaría lo más mínimo.
No podía ver nada con los ojos empañados. Cualquiera pensaría que llorar era un consuelo. Pero no, sólo una manifestación de tristeza, como lo son mis frecuentes sonrisas a la alegría. Pero no felicidad. Sea como fuere, llorar no me alivia, sino que me turba. Tengo la teoría de que la tristeza es la energía que utilizo para moverme. Dañina y eficaz, como las energías fósiles.
Las cinco llorábamos abrazadas a alguien. Sussy, Cherry y Richie se fueron a tomar el aire. Mei aprovechó para contarme lo que yo ya sospechaba. Ella estaba triste por mi culpa. Debí callarme. Pero, ¿Realmente es tan malo prevenir a alguien de que tenga cuidado? ¿Es mejor esperar a que algún día, aunque no sea hoy, se estrelle contra un muro?
-Ahora te hace feliz-declaré con sencillez-pero si esa circunstancia cambia, yo misma le estrangularé con sus entrañas, le arrancaré el corazón y beberé su sangre. Y no sentirá en todo el cuerpo más dolor que yo en cada centímetro del mío, si te hace daño.
Ella me miró con terror.
-Eso es porque tienes un corazón enorme-murmuró como para sí misma.
-Mei, mi corazón está muy lejos de aquí. Y está roto en mil pedazos.
Ella guardó silencio.
-Hace mucho que las cosas perdieron el sentido para mí.-Musité. Seguía llorando. Dicen que las lágrimas salen del corazón y escapan por los ojos. Pues así debe ser, porque las mías me dejaron surcos negros en la cara.
La voz de mi amiga tenía un deje casi aterrorizado cuando volvió a tomar la palabra.
-Cris, dime la verdad. ¿Cómo te has hecho el corte del brazo?

Detrás de todo caos, siempre hay un orden

Era un jueves cualquiera a tercera hora. Maldije cien veces la clase de matemáticas, y mil veces a aquella persona que la impartía. Me despedí de mis compañeros de optativa con una sonrisa forzada, me eché la pesada y fea mochila al hombro y recorrí los pasillos atestados. Como un zombi, y sin mirar realmente por dónde iba siquiera, me encaminé a la clase infernal, en la que pasaba cinco espantosas y larguísimas horas a la semana. Cuatro de matemáticas y una de tutoría. Escuchar a la bruja desvariar no es mejor que oírla reñirnos, meternos prisa y explicar cosas que te hacen tener ganas de llorar, ponerte bizco y dar vueltas a la pata coja por la clase mientras cacareas como un gallo.
Cavilando, choqué con alguien. Como resultado del impacto, me tambaleé, pero una figura alta y desgarbada me sujetó por la parte superior de los brazos.
-Lo siento-me disculpé atropelladamente-. No estaba atenta...
El chico, un año mayor que yo, era uno de los rubios gemelos que se juntaban con nosotros en los recreos.
-No hace falta que lo jures. Vas como un alma en pena, ¿Te ocurre algo?
Negué con la cabeza.
-Tengo matemáticas-repuse por toda respuesta.
Él me soltó. Dio un paso hacia atrás, mirando a la nada mientras se acariciaba las hondas sedosas con la mano derecha.
-Vale, ya no tienes matemáticas-anunció con los ojos brillantes de excitación-. Ven conmigo.
Me tendió una de sus pálidas manos blancas, que yo tomé irreflexivamente. Echó a correr, dirigiéndose a un pasillo en el que no había clase nunca.
-Por la otra escalera puede haber profesores-me explicó
Yo mantuve el ritmo con facilidad. Cuando estuvimos fuera de peligro, nos dejamos caer contra el muro amarillo, jadeando. Con la carrera, se me debió de caer la gomilla, y poco quedaba de mi trenza. Dejé que las rebeldes hondas de cabello oscuro se deslizaran por mis hombros hasta los omóplatos.
-Te queda el pelo mejor suelto.-Observó.
-Gracias
Le dediqué una sonrisa y mis mejillas pecosas se tiñeron de rojo.
-¿Qué hacemos ahora?
Mientras pensaba, casi detuve mi respiración.
-Se me ocurre una idea-la emoción produjo una enorme sonrisa en mi rostro, y otro sonrojo enmascaró al anterior.
Christian ladeó la cabeza por toda respuesta, sonriendo intrigado
-Tú mandas.
Me tomé la libertad de cogerle la mano y tirar de él. Tomamos el camino menos transitado (y, a su vez, más accidentado) para llegar al piso inferior. Nuestras manos seguían unidas, pero no había nada que malinterpretar. Nos conocemos desde hace demasiado tiempo.
Paseando por el alargado pasillo que conducía a la entrada del colegio, charlábamos sobre nuestras cosas, los amigos, los planes, libros, trabajos... Los altos cipreses nos flanqueaban, creando elevadas sombras intermitentes. El asfalto agrietado no suponía problema, el aire, delicado y fragante a primavera, era una delicia, y la temperatura era ideal. Manga corta y vaqueros. Llegamos a una angosta verja desconchada y verde.
-No deberíamos estar aquí sin tutor
-Se supone-puntualicé. Me serví de una rama baja de un ciprés para impulsarme, me aferré a la verja y salvé la distancia de un salto. Me impulsé, apoyada sobre mi brazo derecho, como había visto hacer en el Parkour a los jóvenes deportistas. Aterricé limpiamente (por fortuna) sobre los talones, ligeramente agazapada.
-Venga, ¡salta! si yo lo he hecho, no puede ser difícil-bromeé.
Sentí el aire moverse a mi lado. Aterrizó elegántemente a mi lado con una sonrisa seca.
-Bienvenido al pseudoparaíso.
El llamado "Bosque de la lectura" se componía de unos cuantos árboles enclenques parecidos a olivos. Tierra y césped, caminos de pequeños adoquines bicolores, florecillas y tranquilidad.
-No está mal-aprobó. Le miré con miedo, pero pude ver que sonreía.
Se apoyó contra un árbol y me abrió los brazos. Saqué de mi mochila un libro y me senté entre sus piernas, con mi espalda apoyada en su cuerpo, la cabeza en su hombro. Chris me abrazó desde atrás. Abrí mi ejemplar negro de "Retrum: Cuando estuvimos muertos" y estuve leyendo con perfecta entonación unos cuantos capítulos.
Luego, me aburrí y estuvimos charlando.
-Tu pelo huele a un perfume de Spirit-comentó.
-Sí, "Life". Oye, qué buen olfato.
Hundió la nariz en mi pelo.
-Me gusta. Es delicado, pero no floral, ni fuerte. Sutil, como las flores que lo componen.
Guardamos silencio unos instantes.
-¿Qué tal te va en el colegio?
-Mejor de lo que te irá a ti-bromeó
-¿Por qué?
No lo comprendí. No soy de excelentes, pero saco buenas notas por lo general, sobre todo en letras.
-Oh, vamos, estás haciendo novillos-acentuó su sonrisa torcida
-¿Novillos? Eso suena como si estuviéramos en primaria-me quejé-, no, estamos haciendo pellas.
Nuestras risas se acompasaron.
-No quiero hablar del instituto, en realidad
-Entonces, ¿De qué quieres hablar?-inquirió, curioso, sus ojos verdosos fijos en mi expresión
-No sé...-titubeé-, cuéntame algo de ti
-¿Como qué?
-¿Qué tal te va en el amor? Al fin y al cabo, soy Celestina-sonreí
Él se lo pensó antes de responder.
-Bien-me dedicó una sonrisa muy dulce-,creo que me gusta una chica
-¿Sí? ¿Cómo es ella?
-Estudia aquí.-me informó
De inmediato puse en práctica mis poco desarrolladas dotes deductivas
-¿En qué curso?
-En tercero-le divertía el juego. A mí, también
-¿La conozco?-inquirí emocionada
-Probablemente, mejor que cualquier otra persona en el mundo.
De inmediato, repasé mentalmente su comportamiento con cada una de mis amigas.
-Es alta-puntualizó-como tú, más o menos
Eliminé de la lista muchos nombres. Qué poco modesta que soy, me dije
-Y tiene el pelo rizado y oscuro.
¿Qué? Sólo había tres chicas en el grupo, contándome a mí, con el pelo rizado. Una de ellas estaba en cuarto de ESO, y la otra era muy bajita.
-¿Qué...?
Me miraba con mucha intensidad. Abrí los ojos con desmesura, alejándome de él.
-Deeva...
En ese instante se oyeron dos pares de pies caer en la grava de forma amortiguada. El sol volvió los cabellos del segundo gemelo, Alexander, del color de la miel. A su lado iba un amigo nuestro, de cabello muy rizado y ojos celestes, cuyo nombre no recuerdo.
Me senté con las piernas cruzadas al sol. Alex se sentó a mi lado, besándome suavemente en los labios.
-Hola, cielo, ¿quieres?
Me tendió una botella. Dentro había un líquido de un lila transparentoso. Su olor era dulce, y su sabor fuerte. Sentí la quemazón por la garganta, deslizándose en el estómago, estallando. Tosí un poco, y mis amigos se rieron de mi poca tolerancia al alcohol. Picada, alcé la botella y le di un trago más largo, ésta vez con toda naturalidad.
-Qué rico-observé
-El vodka violeta es el mejor para beber a palo seco, o con licor de mora, o con Monster...-comentó el chico de los ojos azules
Alex volvió a besarme. Sus labios sabían a aquél líquido dulzón, y bebí con avidez de su beso, sintiendo con culpabilidad, cómo un par de ojos verdosos se clavaban en nosotros.
El timbre me hizo dar un brinco. Tocaba el descanso, y tenía diez minutos para incorporarme a las clases. Filosofía no pintaba tan mal, podrían tomarse mis reflexiones como si incumbiesen a la asignatura.
-Tengo que irme-les anuncié-Tengo filosofía y no puedo perder más clase
El muchacho y Alex se quedaron más tiempo. Chris me siguió hasta el muro.
-Perdona-le dije, y era cierto que lo sentía.
Él sólo sonrió antes de desaparecer tras el muro de ladrillos grisáceos.
Esa sonrisa se me clavó para el resto de la eternidad, más que nada, porque después de eso no le volví a ver.
"¡Nunca más!", como diría Edgar Allan Poe.