domingo, 15 de noviembre de 2020

Nevertheless.

It all started smoothly. Softly. Some happy memories, a few awkward yet funny texts.
A list of odd names. A bigger smile to wear.
A caress entangling my hair.

And then, a few more convos.
More distant, yet more meaningful.
I don't remember the last time I ever saw them.
I only remember how vulnerable I felt over losing them.

But feelings..., Ah, feelings make everything more complicated. Over vulnerability, came determination. "I'm beyond all of that."
Oh, but also jealousy. I wanted their time and attention, although I'd never admit it.
Gratefulness over being listened to. Taken care of.
Fear over missing them when they were gone.

It all started smoothly the first time.
Perhaps it started softly every single time, with all texts, pictures, hand-holding, smiles, hugs, truths, confessions.
With the first "I love you too"

sábado, 14 de noviembre de 2020

Desperdicios

     Ver una serie sobre prostitución adolescente y abuso sexual es siempre como una patada en el pulmón. Para mí, quizá, pueda ser considerado masoquismo. No deja de preocuparme el seguir conectando con esa etapa de mi vida. Seguir ahí, estancada, en mis frágiles 16. En la obsesión de no ser un objeto, pero buscando constantemente esa validación ajena, esa atención que necesito que tanta repulsa me causa. Con todas esas cicatrices que, como queloides, han mutado desde la piel hasta el alma.

    Al final, Baby es un recordatorio de que las cosas no siempre funcionan para todo el mundo, y menos como uno querría, como la televisión y los medios sugieren que la vida fluye, justa y felizmente. No. En una sociedad donde los milagros escasean, a veces los inocentes pagan, a veces los culpables también, a veces no son víctimas quienes creemos, y pocas veces importa nada más. 

    Pero es difícil medir lo justo, incluso cuando el culpable es privado de su libertad, porque el dolor queda para revestirte el resto de tu vida. 

    Tan entumecida

    Tan vacía

    Tan ajena

    Tan muda

    Todo el mundo te mira y tiene claro quién eres, o quién puedes ser. Todos ven tus adjetivos, tus logros, tus ambiciones, tu potencial. Y tú no sabes qué decir, no sabes qué sentir, no sabes por qué no respondes como deberías. ¿Es que acaso te has estropeado? Y tienen la cara de lamentarse, ¡qué desperdicio!

    Pero eso es puntual; la realidad es más larga. Los días son más cortos y el frío acecha cuando se acerca ese aniversario simbólico de dolor, pena, rabia, culpa. La injusticia, los crímenes sin pagar. Esas cosas que le pasaron a una, hace mucho, mucho tiempo. Navidad, más culpa.

martes, 10 de noviembre de 2020

Mutuamente.

Mi miseria y yo funcionamos mejor juntas y solas, sin manos amigas
En lugares fríos, como el suelo del baño, mi humeda habitación o la sala de espera de una UCI cualquiera.
Mi pena, amiga conocida, se me acurruca y abraza en el pecho, a veces no puedo respirar, pero se lo perdono porque a veces no controla su fuerza, como yo. 
Me hace llorar cuando menos lo espero y necesito, pero es que ella es poco sutil, como yo. 
No pasa nada, nos conocemos y nos acompañamos. Estamos de acuerdo en que yo tiraré del cuerpo fuera de la cama, da igual las fuerzas que tenga; y ella tratará de no asfixiarme del todo.

Y así en fino equilibro, con respeto y paciencia, nos olvidamos de nuevo de que un día no existimos juntas.

martes, 3 de noviembre de 2020

Reinventing the education

 Hay un señor frente a mí protestando sobre la hegemonía lingüística del inglés, reivindicando su italiano de formación. Claro. Resulta clásico hasta para sus más de setenta años, con sus escasas canas repeinadas, su traje demasiado grueso para esta estación del año pero bien ajustado, las gafas y el calzado a la moda, pero la bolsa de piel negra tan atemporal como la que llevara mi padre a trabajar allá por el año 2000, con su hebilla dorada y todo.

Nos mira desde arriba, desde su estrado elevado, tras un portentoso escritorio de madera oscura que ha perdido el lustre por el uso, con su ancho culo cómodamente aposentado en una silla acolchada (a diferencia de nuestras desvencijadas bancas de madera). No se mueve, a penas levanta la vista de los apuntes que nos lee, que nos dicta. Es como si hubiera una barrera entre nosotros, una absoluta separación espacial, temporal y hasta dimensional.

Y yo digo..., que bueno, que qué remedio tengo. Llevo cinco años ya en la universidad, y he aprendido que desgañitarme sobre las condiciones de estudio solo afectará a mi salud mental y a mis niveles de energía. Y que, aunque me gusta su voz profunda, eso puedo encontrarlo en cualquier podcast. Que me gusta el contenido, pero para oírlo con 800€ menos de matrícula en el bolsillo, bien podría leerlo por internet, de donde sea que haya descargado los libros y apuntes que tiene bajo las narices, en la cálida y reconfortante calidez de mi hogar; y sin cabrearme cada vez que pierda 20 minutos por no saber abrir un documento de word o entender una referencia en ingles.

¡Ah! ¡qué útil su italiano de formación!

domingo, 1 de noviembre de 2020

El calor de tus mano en mi espalda desnuda

That's it, that's the post.

Squeezed in a tight hug, lost in your lips and, suddenly, a playful hand climbing up inside my pyjamas' tee and gently lying against the skin on the middle of my back. 

Its warmth is so comforting I could even call it 'home'. It's satisfying, as if I were in pain without realizing it and that simple touch had made everything go away. I'm somehow sure I will not forget how this feeling deploys and unfolds on my chest, electrifying every nerve, giving the word 'intimacy' new meanings.

You may think I'm stupid. How can an open hand against my naked back be more meaningful than having you inside me?
Oh well, I don't know. Feelings are just that, and sometimes unaccounted for. This is, actually, one of those little things I end up treasuring in my mind, as they bring me closer to you when the world is just too cold.

You spooning me. You, slow-kissing me. Your fingers tangled with mine. A smile only for my eyes to see. A whisper of how much you love me within the mist of an early sleep

jueves, 24 de septiembre de 2020

Dreams, future.

- Esto le dará más alegría a la cocina -. Parloteé alegremente mientras me secaba las manos manchadas de pintura en el viejo trapo.
La estancia, pobremente iluminada por un pequeño ventanuco, se había llenado con olor a pintura y barniz, lo cual me traía recuerdos muy felices de las reformas de mi infancia o la mudanza de mi abuela al pueblo. Siempre me han entusiasmado los grandes cambios.
Ale alzó la vista hacia las molduras del techo, que habíamos cubierto con cinta carrocera ls tarde anterior para que no se mancharan con la pintura de las paredes.
- Está quedando muy bien - comentó -. Y, de hecho, se me ocurre qué me daría una alegría a mí...
Se volvió en mi dirección alargando las manos y a mí se me escapó una risita infantil nada propia de mi carácter, pero él me hacía sentir así. Ligera, joven. Era tarde, tendríamos que trabajar en pocas horas y estábamos molidos de lijar, pintar, barnizar y mover muebles, pero Dios sabe que nos dió absolutamente igual mientras chocábamos contra las paredes del piso, enredados en un abrazo ansioso, llenando las estancias vacías con el sonido de nuestro amor. Los besos, las risas y algún jadeo rebotaban contra las paredes y caían sobre nosotros y nuestro colchón inflable provisional, colocado sobre una vieja sábana gris en el salón. Teníamos poco, pero nos queríamos con todo, a manos llenas.

Cuando me desperté en mi colchón de viscoelástica, atravesada en mantas del mejor algodón egipcio de El Corte Inglés, miré con decepción los tropezones de pintura sobre el gotelé de mi habitación, deseando haber amanecido esa mañana gris en el salón pelado del apartamento de mi imaginación, con su cocina oscura y su pequeño baño; pero con la sensación de haber regresado de una premonición más que de un sueño.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Saturday mornings.

Me siento dar un respingo involuntario incluso antes de abrir los ojos. Espero, sin moverme, a que se me ralenticen la respiración y el ritmo cardíaco, concentrada en mis sentidos. Los ojos perciben claridad a través de los párpados, mi lengua paladea el regusto metálico de la sangre. El sentido del oído, intensificado por la falta de visión, busca movimiento en el silencio de la mañana y solo encuentra una respiración pausada, otra superficial y dos corazones que golpetean a diferentes ritmos, impulsando la sangre en las venas.
Pero, de todos, el que menos uso es el más información me transmite: el olfato. Por él me parece saborear la humedad en el ambiente, el cálido dulzor de su piel, el suavizante para la ropa, los restos de nuestro sudor en las sábanas revueltas. Sabiéndome a salvo a su lado, olvidada mi pesadilla, dejo que me acurruque de nuevo en sus brazos, acariciándome el pelo, a pesar de que se me ha escapado una hora entre los dedos desde que asomé a la conciencia. Y me abandono, segura, porque sé que ya no soñaré nada malo.