sábado, 2 de abril de 2016

I'm done.

Quizá algún día deje de tener pesadillas. Puede que en algún momento mi cabeza deje de recordarme esa aterradora perspectiva que no quiero, no puedo considerar.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Daddy.

The most beautiful thing about my dad is that things never change.
He is always gonna be the one that knows everything about everything.
He is the one that I'd follow.
The right one. The most reasonable, sensible and wisest person ever.
The model of the men I'll be into.
The only one who is capable of calming me down with his bare warm hands upon my hair, my cheeks.
The person whose tears I'll never be able to stand.

The one that's always been strong, never leaving. And the most beautiful thing bout him is that he is never going anywhere, never letting me go either.
Isn't it?

martes, 22 de marzo de 2016

Intriguing...but highly disturbing.

Tenía la intención de escribir sobre cómo NO fichear a una chica (con ejemplos asquerosamente verídicos) pero la ironía me abandona lentamente y ya no me puedo levantar.

Vuelve a ser lo mismo. Una y otra vez, estoy cansada de convencerme para intentarlo.

Me va bien así, aquí, a tu lado. Si pudiera parar el tiempo y ser yo misma, me daría la vuelta para abrazarte y dormiría a tu lado, pero no puedo. Si vamos a seguir de acuerdo en acuerdo, ¿qué me queda sino hacerte caso a regañadientes? Así que me levanto y voy a buscar mi ropa, con la piel de gallina, ansiando un calor que poco tiene que ver con mantas y mucho más contigo.

Así que en esto se resume todo el romanticismo. Postureo por Instagram, vamos a conocernos por Twitter, dame tu whatsapp. Vamos a ser novios, y sexo en la primera cita, y yo reculo pensando en el frío de ese diciembre lejano, pero no dejáis de presionar una y otra vez, y yo no quiero, no puedo.

Cold green nights.

Noches frías como estas me recuerdan a ti. ¿Cuántas horas permanecimos despiertos, contándonos cómo era la vida? Y la cuestión es que hace mucho que decidí no recordarte. Pero ahí estás, rondando siempre en mi cabeza con los detalles más tontos. Con la primavera del color de tus ojos. Con la música. Con los jóvenes saltando sobre los muros de la ciudad.

sábado, 19 de marzo de 2016

Budda amida.

A veces quiero escribir sobre algo, pero no puedo. En primer lugar, por las personas a las que voy a herir con mis palabras. En segundo, por todas las personas que saben que este sitio existe, independientemente de si lo visitan o no.
Esto mismo me ha pasado hoy pensando sobre mi familia. No mi familia de verdad (mis padres, mis hermanos, mi abuela) sino todos esos desconocidos, hermanos, cuñados y sobrinos de mis padres, que a mi parecer solo me tocan por nombre. Estas personas no solo no han estado ahí cuando lo necesitábamos, sino que nos han hecho daño deliberadamente cada vez que han podido.
Y ya sabéis que a veces me enervo, y cuando eso pasa, vengo aquí a calmarme. Pero cuando se trata de estas personas, ya no hablamos de irritación sino de ira. A veces juro que los odio tanto que seguro que en mi próxima vida me reencarno en una margarita, para compensar.

El placer de la escritura creativa.

Creo que echo de menos la escritura creativa. El placer de narrar, de crear un ambiente, nuevas vidas, nuevas historias. Jamás sabré si realmente era un buen material o no, pero a fin de cuentas, eso no me importa. Creo que sigo queriendo aferrarme a la escritura de antes, tan impetuosa y sentida que no podía sino emocionar. Ahora ya no tengo tiempo ni ganas de imprimir tanta fuerza y tan poca mesura en las líneas argumentales...
Pero hay algo que no ha cambiado, y es esa obsesión que tiene mi cabeza de pensar por su cuenta. Idear, imaginar, narrar escenas reales o inventadas cuando no estoy concentrada haciendo otra cosa distinta. Eso también me gusta. Cuando no puedo dormir, narro, y ciertamente es como ver una película en mi cabeza, con una voz mental que oficia doblemente de narradora y personajes. Así, en el marco general del sistema de almacenaje que es mi pequeño y lento cerebrito, hay muchas potenciales personas, cada una con su modus vivendi, su actitud ante la vida y su historia. Y como si Vida Winter me hubiera susurrado realmente sus consejos al oído (curiosamente, jamás pensaré que fue Dianne Setterfield), estas futuras personas alzan la mano cada vez que necesito recurrir a una de ellas, y alguien se sienta a mi lado a responder pacientemente a mis preguntas: dónde nació, cómo eran sus padres, cuál fue el sueño de su vida. Yo lo apunto en una hora de papel sobre una carpeta rígida, muy funcionarial todo, y ya solo es tarea de mi mente enredarlos con las historias de otras personas, creando vidas enteras que quizá nunca sean puestas por escrito.
O sí.
No lo sé.

lunes, 14 de marzo de 2016

May we belong to each other?

Something has changed in the way you hug me. I can feel it.

I almost kissed you last saturday. I'd say I'm sorry but I'm not. My heart still pounds wildly everytime I think how close we were, how we looked at each other after that little touch that began as an accident. I can sense we both discovered something new inside.

What felt crazily impossible last time I felt this way about you has suddenly become intense, anxious and real af. Somehow I wish it wasn't.