Si no escribo es que todo va bien, dentro y fuera de mi cabeza.
Por eso sigo escribiendo, supongo; pero es muy complicado poner ciertas cosas en palabras porque eso significa pensar, paladear los sentimientos, hacerlos míos y luego escupirlos. Pero hay veces en que las palabras simplemente no son suficientes y no reflejan todo lo que pasa por mi a veces degenerado cerebro. Nunca pensé que las palabras iban a faltarme. ¿Me hace eso una mala escritora?
domingo, 13 de septiembre de 2015
sábado, 5 de septiembre de 2015
Emptiness and feelings.
Esta mañana estaba en la playa. Brisa, salitre, el sol calentándome la piel casi perezosamente. Sentí tanta tranquilidad en ese momento... una calma feliz, sin problemas. Eso me hizo preguntarme cuándo fue la última vez que experimenté una emoción intensa de verdad. Se me vino a la cabeza el apagado recuerdo que conservo de esa explosión jubilosa y centelleante que llamaba amor, pero hace mucho tiempo de eso y solo queda un vago color desvaído en mi memoria.
Pero hay otra emoción que ha estado intermitentemente presente y que es peor, extraña. Diría que la furia es la emoción que alimenta el sentimiento de odio corrosivo que aparece sin previo aviso y parece no tener límites, y quema, y me empuja a decir cosas crueles sin conciencia de las personas a las que pueda herir con ello. Y eso no ayuda, sino que el odio se trunca en impotencia, desesperación y pena, y termino por sentirme simplemente triste.
¿Es lo normal? me pregunto si todos los odios son así, o solamente el que yo siento hacia el marido de mi abuela. No, no son noticias nuevas y no me siento culpable admitiéndolo. La gente se cohíbe y se siente culpable por sus propios deseos y sentimientos; a veces yo también me increpo a mí misma el no sentir resquemor alguno cuando sueño despierta que mis manos suaves y blancas se cierran en torno a su cuello, y su voz cascada de borracho viejo grazna súplicas burbujeantes mientras se queda sin oxígeno.
Me pregunto qué sería de mí entonces. ¿Resentimiento por no poder hacer una "justicia" real? pero, ¿qué justicia se le puede aplicar a semejante abominación? O quizá mi irritación se debe a que aún tiene poder para herirme cuando yo jamás le he importado nada, nunca.
Pero ahora estoy bien, bajo el sol, relajada, y puedo decir que estar así de "vacía" es mejor que amar y que odiar. O, cuanto menos, más manejable.
Pero hay otra emoción que ha estado intermitentemente presente y que es peor, extraña. Diría que la furia es la emoción que alimenta el sentimiento de odio corrosivo que aparece sin previo aviso y parece no tener límites, y quema, y me empuja a decir cosas crueles sin conciencia de las personas a las que pueda herir con ello. Y eso no ayuda, sino que el odio se trunca en impotencia, desesperación y pena, y termino por sentirme simplemente triste.
¿Es lo normal? me pregunto si todos los odios son así, o solamente el que yo siento hacia el marido de mi abuela. No, no son noticias nuevas y no me siento culpable admitiéndolo. La gente se cohíbe y se siente culpable por sus propios deseos y sentimientos; a veces yo también me increpo a mí misma el no sentir resquemor alguno cuando sueño despierta que mis manos suaves y blancas se cierran en torno a su cuello, y su voz cascada de borracho viejo grazna súplicas burbujeantes mientras se queda sin oxígeno.
Me pregunto qué sería de mí entonces. ¿Resentimiento por no poder hacer una "justicia" real? pero, ¿qué justicia se le puede aplicar a semejante abominación? O quizá mi irritación se debe a que aún tiene poder para herirme cuando yo jamás le he importado nada, nunca.
Pero ahora estoy bien, bajo el sol, relajada, y puedo decir que estar así de "vacía" es mejor que amar y que odiar. O, cuanto menos, más manejable.
Contusiones que hicieron "crack".
El tiempo, entre otros elementos, me castigó con saña.
Creo que se ha cansado de mis vaivenes: de ser precioso cuando toca estudiar o cuando quiero evitar algo que sé que va a suceder versus ser prescindible cuando estoy en la playa, paseando por la orilla de la playa con mi padre. Entonces, los minutos corren al ritmo de nuestras huellas marcando brevemente la arena blanda, oscura y húmeda, y nada importa tanto como el calor de su mano sobre la mía.
Pero el tiempo es también incertidumbre... como una gota de agua formándose lentamente sobre el vaho de un cristal frío. ¿Caerá? sabes que sí, eventualmente. Y si cae, ¿qué? tanto tiempo mirando la gota, admirando su fresca audacia, sabiendo que desaparecerá dejando un reguero de pequeñas gotitas en las que no vale la pena fijarse.
El tiempo eran hojas de un libro pasándose sin atención, y parpadeos temblorosos, ronquidos y miedo. El miedo, en concreto, estira las horas como si fuera un chicle, o queso fundido del que hace hebras que quieres cortar desesperadamente, pero se te pegan a las manos y a la barbilla. El tiempo es, en gran medida, la espera. Es ahí cuando eres consciente de que existe y pasa, a menudo para mal. Puños apretados, paseos, café, sudor frío. Mi espera.
Mientras escribo estas palabras, los minutos se transforman en unidades reciclables que debo aprovechar para dormir; y quizá mañana se repita el ciclo de gritos, bostezos, visitas inesperadas, "privacidad" y risas de alivio.
Nunca falta tiempo para bromear un poco.
La gota no ha caído. Aún no.
Creo que se ha cansado de mis vaivenes: de ser precioso cuando toca estudiar o cuando quiero evitar algo que sé que va a suceder versus ser prescindible cuando estoy en la playa, paseando por la orilla de la playa con mi padre. Entonces, los minutos corren al ritmo de nuestras huellas marcando brevemente la arena blanda, oscura y húmeda, y nada importa tanto como el calor de su mano sobre la mía.
Pero el tiempo es también incertidumbre... como una gota de agua formándose lentamente sobre el vaho de un cristal frío. ¿Caerá? sabes que sí, eventualmente. Y si cae, ¿qué? tanto tiempo mirando la gota, admirando su fresca audacia, sabiendo que desaparecerá dejando un reguero de pequeñas gotitas en las que no vale la pena fijarse.
El tiempo eran hojas de un libro pasándose sin atención, y parpadeos temblorosos, ronquidos y miedo. El miedo, en concreto, estira las horas como si fuera un chicle, o queso fundido del que hace hebras que quieres cortar desesperadamente, pero se te pegan a las manos y a la barbilla. El tiempo es, en gran medida, la espera. Es ahí cuando eres consciente de que existe y pasa, a menudo para mal. Puños apretados, paseos, café, sudor frío. Mi espera.
Mientras escribo estas palabras, los minutos se transforman en unidades reciclables que debo aprovechar para dormir; y quizá mañana se repita el ciclo de gritos, bostezos, visitas inesperadas, "privacidad" y risas de alivio.
Nunca falta tiempo para bromear un poco.
La gota no ha caído. Aún no.
jueves, 27 de agosto de 2015
Reasonable.
I don't feel like nothing... about nothing in particular.
That's why I don't write. Because I don't wanna feel or think.
That's why I don't write. Because I don't wanna feel or think.
lunes, 24 de agosto de 2015
Mianhae, babe
I'm sorry for loving only you.
jueves, 20 de agosto de 2015
Some stupid SCU advice.
"There's the positive side: all the pain you're feeling is the fuel for your writing"
lunes, 17 de agosto de 2015
1/7
Pensé que iba a ser más fácil, pero qué va. Ya intuyo lo larga que va a ser esta semana....
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