Siéntate con la espalda erguida y las piernas ligeramente separadas. A continuación, sin perder la correcta posición de la espalda, déjate caer hacia adelante y coloca la cabeza aproximadamente entre las rodillas. Por último, recuerda que lo que estás experimentando es una exageración a un estímulo corriente y no trates de luchar contra el temor, acéptalo. Solo así, dejando de pensar en lo alarmante, se acabará el pánico.
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