miércoles, 30 de junio de 2021

Distant

     La sombra del miedo, la duda, el cambio y la culpa lo coronan todo. El final del mes más complicado en mucho tiempo.

Lo evalúo con la sensación general de entumecimiento, de cansancio, tristeza. Inútil, imposible de comunicar lo que siento. Torpe, distante, fría, con secretos..., o, más bien, verdades a medias. Llena de ganas de absolutamente nada, vacía de cosas constructivas que ofrecer. 

Haciéndole sufrir. Insuficiente, a pesar de todos mis esfuerzos por no serlo.



domingo, 27 de junio de 2021

Visto y no visto.

 La verdad es que no lo he sentido venir. Después de un agradable fin de semana fuera que culmina con un soberano atasco que me lleva a llegar a casa tres horas después de lo previsto, yo solo quería abrazar a mi marido y perderme en los valles y curvas de su piel suave y cálida. Le había echado mucho de menos.

No puedo ponerlo todo en pie..., solo sé que yo estaba disfrutando. Con las piernas aún temblorosas tras el primer orgasmo y la pituitaria saturada de su perfume, hundía el rostro en su cuello, aferrada con brazos y piernas a su tronco, soldada firmemente a su contorno. El placer me sacudía en lentas oleadas cada vez que una embestida certera se deslizaba por mi carne, entrando y saliendo. Aceleró el ritmo de las acometidas y yo me sentí temblar desde las entrañas.

La verdad es que todo iba bien, pero de pronto ya no. Me recorrió un escalofrío helado y hubo sensación de pérdida, oscuridad, nebulosa. No le veía, ya solo sentía pánico frenético inundándome y un grito que comenzaba a llenar mi garganta. No sé cómo alcancé a bloquear los músculos para no revolverme, arremeter contra su dulce toque a empellones y golpes con toda la fuerza de mi desesperación.

- Para, para, para, ¡para! -. Jadeé.

Sentí como si ese gemido sin aire me arañase las cuerdas vocales, rasgándolas como un grito a un millón de decibelios. Le sentí salir de mí, aún sin verle, recordando la lánguida pereza que recorría las copas de los árboles aquella noche, el suelo, gélido y húmedo, mordiéndome la piel. Dolor y miedo por partes iguales. Quise llorar y eso hice, porque aún no podía verle, lo había estropeado todo nuevamente; temblaba y lloraba de vergüenza y de anhelo por regresar al amor y a la suavidad que siempre coronan mis noches.

viernes, 25 de junio de 2021

"Elena"

 A mi "yo vulnerable":

    Hola. Sé que es muy egoísta por mi parte querer dirigirme a ti después de haberte maltratado durante tanto tiempo, pero necesito disculparme. Te he ignorado, te he insultado, te he alienado y aún así mírate, fuerte y entera, aún formando parte de mí.

Durante mucho tiempo te convertí en mi alter ego, como si así pudiera separarte claramente de mí. De todo lo que no me gustaba. Te di los atributos que no me gustaban, convertí tu necesidad de descanso en acusaciones de pereza, la expresión de las emociones en debilidad. Quería que "Cristina" fuera significado de actividad, efectividad, seguridad, inamovilidad, y convertí lo humano y lo femenino en peyorativo, lo personifiqué en torno a mi segundo nombre y traté de excluirlo de todas las facetas de mi vida. Así, cada vez que alguien me preguntaba si podía llamarme "Elena", yo respondía que probablemente no me iba a dar por aludida. "Esa no soy yo" pensaba. Elena es suave, redondeada, blanda, llorona, quejica, floja, débil, cutre, servicial, ociosa, romántica, cursi, boba, emocional, irracional, dependiente.

¡Ah, si yo hubiera sabido...! Que los sentimientos no me hacen blanda, sino que complementan mis ideales de inteligencia y madurez. Que descansar es necesario para sanar y regenerar. Que en el equilibrio está la clave del éxito..., si lo hubiera sabido, seguramente habría valorado más algunos de los aspectos que me hacen única, que me hacen quien soy; incluso aquellos en los que debería trabajar, como la impulsividad o el genio.

Perdóname. No tenía derecho a tratarte como lo hice; al fin he comprendido la importancia que tienes para mí.

Necesitar compañía no te hace dependiente.

Apoyarte en los demás no te hace incapaz.

Llorar no te hace débil.

Descansar no te hace vaga.

Socializar y dedicar tiempo al ocio no te hacen perezosa.

Ahora quiero intentar hacer las cosas de otra manera, si quieres y me dejas. Me gustaría abrazar todo lo que me ofreces y aprender de ello. Me gustaría reconectar con las personas que me importan y dejar de hacer daño a los demás con la hosquedad de mis silencios, no exentos de significado. Me gustaría ser más sincera, porque habitualmente omito las cosas que no me interesa expresar. Me saber cómo desenredarme las emociones del alma, cortarles las espinas para que no pinchen e hilarlas con sentido, transmitirlas, saborear el alivio y compartir con las personas a las que quiero.

Quiero aprender a reconocer qué es lo que necesitas y cómo darte paz, porque en mi empeño de cuidarme el cuerpo para lograr una perfección física he olvidado que la mente también es salud. No te di el crédito que merecías y ahora admiro y deseo tu resiliencia, para curarme.

lunes, 21 de junio de 2021

26.12.20

     A tenor de mi entrada anterior, siento el impulso de escribir sobre ciertas cosas que rememoro con frecuencia, pero que no me atreví a redactar en su momento por las implicaciones en mi anterior relación, y la mancha de sentimientos culpables en el alma.

Sin embargo, he aprendido una importante lección en terapia: todos somos humanos. No puedo pretender ser la persona inocente en todas las situaciones. Así que intento apartar los condicionantes circunstanciales negativos y descontextualizar el recuerdo, para realzar toda la magia que supuso para mí. Parece un pecado no haber recogido ciertos momentos preciosos.

La primera vez que nos (re)encontramos fue el sábado 26/12/2020, casi dos semanas después de lo inicialmente planteado, pero el COVID se interpuso en nuestras vidas de todas las formas posibles; aquel día, yo había quedado para comer con Almudena y estaba nerviosa por partida doble. Recuerdo haber pensado solamente en él cuando escogí ropa oscura, falda y tacones, y me alisé el cabello tratando de hacerlo parecer más largo.

Curiosamente, ni siquiera estaba segura de que fuera a suceder. Todo fue muy ambiguo: yo tenía planes con otra persona, pero él acaba de recibir el visto bueno médico para revertir el ostracismo vírico. Finalmente, Almudena me ayudó a dar el paso, invitando a otras personas a nuestra reunión, y fue solo por eso por lo que me atreví a anunciarle con boquita pequeña que "Diego me había dicho que quería pasarse a verme"

Me pedí un café. Fue una decisión pésima, en primer lugar, porque ya estaba lo bastante nerviosa y, en segundo, porque deja un regusto y un aliento terrible pasados unos momentos. Temblaba, y no era de frío. Les hablé a los pobres muchachos de ese hombre con el que trabajaba y del que me estaba enamorando, les contaba que me volvía incoherente y que, con él, perdía el sentido, la cabeza y el norte.

Me llamó, pero no vi la llamada en mi viejo teléfono moribundo. Sin embargo, sentí su mirada sobre mí aunque estaba de espaldas, mi piel le vio antes que mis ojos y se me erizaron todos los pelos del cuerpo. En ese momento, mi boca se movía con voluntad propia, diciendo "no carburo" a los invitados a la reunión.

Cruzó la plaza hacia mí, seguro y serio, aunque sus ojos hablaban de triunfo y parecía irradiar una luz como no he visto nunca antes. Me levanté a trompicones y lo siguiente que supe es que nuestros cuerpos colisionaban y me echaba a temblar con todas las emociones que me había esforzado en bloquear y contener durante un mes y medio. Él me sostenía (y menos mal, porque dudo que hubiera podido mantenerme sola en pie) y ambos nos miramos intensamente a los ojos durante lo que él estima como tres cuartos de hora y a mí se me antojaron unos pocos segundos; ahora, en la dispersión de la memoria, no recuerdo si quise acariciarle el rostro o de verdad recorrí frenéticamente sus facciones con mis manos.

No sé quién besó a quién, o si fue la gravedad la que nos atrajo. Al principio, acostumbrada a otros labios, su boca carnosa se me antojó suave, grande y blanda; deliciosa. Su olor me envolvía, sentí su piel suave, su cuerpo, firme contra el mío, sus manos, siempre amables, infundiendo seguridad. Probablemente sí que estuvimos unos 45 minutos besándonos, hasta que absorbimos todo el aire de los pulmones del otro y creamos una atmósfera irrespirable para los observantes de la mesa.

Supe que él tenía razón: ese beso lo cambiaba todo. Lo sabría, y lo supe, en cuanto nos vimos: era mío y yo suya. No era un capricho, no era mera atracción sexual, no solo me gustaba un poquito. Ya no cupieron dudas y supe que quería estar a su lado durante el tiempo que nos quedara. Ese beso fue el empujón, la mecha, el desencadenante.

Hoy, seis meses después, sigo perdiendo la cabeza por esa boca.

16.01.21

     Hoy hemos abierto la caja de Pandora de lo que nuestra primera vez juntos significó para nosotros. Creo que es la primera vez que lo expreso tan abiertamente; incluso ahora, puedo sentir cómo mis pensamientos se deslizan a través de mis dedos con pies de plomo. Al principio, avergonzada de mis propias emociones, solo podía permitirme enunciar mis dudas en inglés o con frases ambiguas del estilo "una inseguridad aplastante curada con un abrazo cálido".

Estamos de acuerdo en que hay muchos aspectos a resaltar de aquel fin de semana. El Chardonnay, la sensación de conocernos desde siempre, nuestro primer abrazo para dormir, toneladas de amor que sí hablaron de la relación que nos unía...

Pero eso no nos quita el mal sabor de boca. A él, dice, de hacerme sentir mal. Para mí quedan algunas ironías y un puñado de rosas y velas olvidadas; el sentimiento culpable de querer salir huyendo, mi reacción inmediata ante la dificultad. Me pregunto si, de haber podido, de haber estado más cerca de casa, lo hubiera hecho...; pero la sola idea de abandonarle, desnudo y expuesto en cuerpo y alma, me ciega de dolor.

No, no lo habría hecho. Hay un condicionante especial, algo que no hubo ninguna de las veces anteriores: amor. Por amor fui y por amor me quedé. El amor fue, al final, más fuerte que el miedo, la vergüenza, la inseguridad...


Y por amor estamos aquí.

viernes, 18 de junio de 2021

Matrimonio estilo gashapon de los 90.

     La psique masculina no deja de ser un auténtico misterio para mí. Lo ha sido desde los "si te pega es que le gustas" hasta hoy, rodeada de hombres que se quejan de formar parte de grupos de Whatsapp en los que solo circulan bromas de fútbol y vídeos sexuales y/o de mujeres desnudas; si bien no dejo de cuestionarme cómo es que estos grupos existen si todos los aborrecen de tal forma.

No es que me extrañe la rancia misoginia del macho ibérico español de pura raza, no, me extraña la figura del hombre quejicoso que o bien llora porque no tiene pareja (y no folla) o bien llora porque lleva mucho tiempo casado (y folla menos todavía). Ni el primero se entera de que sus ambiciones conllevan esfuerzo, responsabilidad e inteligencia emocional ni el segundo llega a comprender que el tiempo pasa y, de estar soltero, nadie lo tocaría ni con un palo. Todo esto me hace pensar que ellos en realidad solo quieren sexo sin compromiso y sin esfuerzo por encontrarlo..., ¿por qué no se compran una muñeca hinchable, en tal caso?

Pertenezco a una generación en que la tónica general, si no la moda, es la de cuidar y adorar a las parejas. Una generación no exenta de hipocresía y maltrato, porque nada es perfecto; pero quizá sea por eso por lo que me cuesta tanto comprender que alguien pueda no amar y desear a su acompañante. Incluso habiendo estado en la situación, la infidelidad se me hace ajena (incluso la propia), puede que porque no se trataba de una pulsión exclusivamente sexual..., no, esa es mucho más fácil de ignorar. Fue diferente, fue el corazón llamando a su compañero.

Quizá no lo comprendo, quizá no lo asumo. La posibilidad de que se aburra de mí. Aún me domina la pulsión de la carne, de la piel que anhela el constante contacto con la suya. Las ganas de reírme y la sensación de que puede leer mi mente. ¿Tal vez porque es reciente? ¿tal vez porque es sano?

Supongo que todos ellos lo pensaron alguna vez. Cuando se enamoraron, cuando se casaron. Supongo que no somos una excepción, aunque nos sintamos así. Pienso que ambos estamos decididos a trabajar con esmero para cuidar esto que nos une...; ¿Será que es diferente, en tanto es único, especial y nuestro? ¿será que encajamos como no hemos encajado con nadie?

Qué bonito es sentirse comprendido, amado, seguro.

Qué bonita hace él mi vida.

domingo, 13 de junio de 2021

Instincts.

     Hay emociones que se cuecen a fuego lento. Que son tan intensas que no sé dónde o cuándo comienzan o terminan, si las siento como son, si otros las viven de formas diferentes.

La primera vez que me enamoré, recuerdo haber dudado de mis propios sentimientos en múltiples ocasiones, pero tampoco tengo claro cuándo dejé de preguntármelo y simplemente lo supe. Supongo que no fue un solo momento, sino una colección de ellos.

Ahora, sin embargo, lo llevo escrito en la piel. Es una certeza casi biológica, más real que datos y números absurdos como mi fecha de nacimiento o mi grupo sanguíneo. Como respirar, instintivo, natural, incontrolable, necesario: está ahí, no sé desde cuándo, no sé por qué, pero existe y me mueve. Como algo que sé hacer sin que me lo hayan enseñado, como si mi cuerpo hubiera nacido programado para el presente..., para saber amar(te).