jueves, 4 de noviembre de 2021

恋愛。

     Expresar amor en japonés es muy curioso. Mientras que en la mayoría de casos se utiliza un -a mis ojos seco- 好きです (una suerte de soso "me gustas", una expresión idónea para el interés o el afecto), la complejidad de los ideofonogramas puede llegar a ser inmensa. Uno podría usar el kanji de 恋, en el que domina el radical de corazón y la idea de pasión tierna, naciente y efímera, perecedera. 恋 Tiene fecha de caducidad; Uno también podía ser más romántico, más tradicional y casi... sólido, ciertamente, usando el término 愛してる。Ya de por sí, el origen chino de 愛 le otorga un peso cultural que es difícil de definir; tampoco el mundo del análisis ideográfico arroja mucha claridad. Tenemos movilidad, pero también una cubierta, una garra y un corazón espachurrado entre radicales. 愛 simboliza el amor verdadero, el que dura. Si 恋 es recibir, 愛 es dar.

¿Cómo podría yo explicar lo que significa 恋愛, y por qué la fusión del egoísmo apasionado y el sólido romanticismo es perfecta? ¿por qué no solo 愛?

Porque me gusta la idea de un amor fuerte como los cimientos de la tierra, pero que tiembla como en el primer beso. Sabía que existía la noción de que 恋愛 solo se dice a una persona en este mundo, y sabía que cuando la encontrara lo tendría claro. Que es la perfección de quien ama todos los días como el primero. Reciprocidad. Autenticidad, inocencia. Quizá no sea el primer amor (初恋), pero hasta ese término utiliza la voluble inconsistencia de 恋.

Un día lo tuve delante, y me sentí temblar como la primera vez que mi teléfono vibró en mi mano y oí su voz, grave y susurrante, al otro lado del auricular. Aquella noche, reflexionando, sentí que los cimientos de mi vida se sacudían una vez más con su calor y su mirada, pero nunca me había sentido tan firmemente atada a nadie.

Así que lo dije. Lo dije y lo seguiré diciendo. No lo retiro, he encontrado a mi mitad. Mi 恋愛. El que me entiende con una sola mirada, me busca en la cama aunque casi nunca durmamos juntos y suspira mi nombre en el calor de las sábanas. Equilibrio, reciprocidad, perfección. Y eso sí que es inexplicable y perfecto, más allá de un ocho, dos corazones, un tejado, una garra y un descenso. Más allá de ideogramas y sonidos, de kanjis, sinología, lingüística y otras connotaciones culturales. Es solo una forma más de intentar explicar y expresar cuánto te amo.

Vamps.

     Todo estuvo bien al principio. Una habitación enorme, toda iluminada de blanco cegador, dominada por un escenario desolador de equipos viejos y sillas dolorosamente incómodas; e integrada por cuatro gatos que se difuminaban progresivamente en una masa creciente de personajes más que excéntricos según se aproximaba la salida del sol. Una ucraniana xenófoba, un obeso amanerado enamorado de un chino doce años más joven que él con alergia a la ducha. Un gigante color bronce que había perdido a sus hijas tras una ruptura difícil y comía porridge como quien come pipas. Una asiática bajita y aniñada tan dulce como malhablada, un refugiado político de origen nicaragüense con hábito bebedor.

Algunos estuvieron de paso y otros se han quedado hasta el final, pero de todos aprendí algo.

Fue fantástico, a pesar de los altibajos, mientras pude ver sus caras, reír y salir con ellos de vez en cuando, compartiendo cenas, cafés y chicle. Todos con sus historias, sus angustias, sus papeles, sus anécdotas.

Todo se fue al traste cuando nos separaron; las noches dejaron de fluir y comenzaron a convertirse en la piedra de Sísifo. Ya no hubo a quién ayudar con sus consultas, a quién ofrecerle lo que llevara aquel día en el tupper. Solo oscuridad y silencio, hastío, dejadez, irritación, soledad. Quizá las cosas habrían sido diferentes si hubiéramos seguido allí, por muy monótono que sea el trabajo, puede que hubiera tardado más tiempo en llegar al límite y demandar un cambio; pero también es posible que no hubiera conocido al amor de mi vida tal y como son las cosas hoy, mi faro en las noches tristes. Mi esperanza, mi apoyo, mi refugio.

No tiene sentido preguntarse qué habría pasado, son tantas la vertientes posibles que es fácil pensar que cualquier alternativa es mejor a la que tengo ahora en las manos. Por ahora se acaba una etapa, con una mezcla de nostalgia y alivio (y un poco de incertidumbre), y con la esperanza de encontrar algo mejor en la siguiente..., o, por lo menos, más de las cosas buenas de la anterior. Mis vampiros.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Es real

     De pronto fue como si estuviéramos en el ojo de un huracán: el mundo siguió corriendo frenéticamente a nuestro alrededor, pero su magia había hecho detenerse el mundo en una suerte de pausa para respirar, cargada de electricidad, anticipación y nervios.

Sé que, cuando me abrazó, su intención real era la de proporcionarme confort; pero como si no hubiera transcurrido un solo minuto desde el 26 de diciembre, el aire entre nosotros pareció soltar chispazos y mi corazón trató de escapar trepándome por la garganta, buscando mis labios ocupados.

Cuando quise darme cuenta, ambos jadeábamos.

- ¿Lo sientes? - me preguntó.

Mi vida..., mi amor, mi hogar, mi suerte, mi designio, mi pilar, mi roca, mi destino, mi prometido, mi refugio, mi lugar seguro, mi tesoro, mi todo, mi pequeño..., ya sables cuál es la respuesta.

miércoles, 27 de octubre de 2021

Advantages

     Mi hogar está pintado de blanco y huele siempre a tabaco y a aire, de Loewe.

Mi hogar suena a Sabina, al silbido de la olla exprés, a dos risas que se hacen eco, a la televisión demasiado alta. Sabe a croquetas de puchero y a bizcocho de limón. Al mejor tomate jamás guisado. A los besos de mamá.

Me gusta su frescura húmeda y las vistas que hay desde la ventana de mi habitación, apuntando al atardecer que se esconde tímidamente tras un laurel gigantesco. Me gustan sus techos altísimos, las molduras, la nobleza de sus mármoles, maderas, granitos y estucos. Me encantan las cortinas porque sé que las ha cosido la abuela. Me abruman sus dimensiones, pero se siente el cariño en cada rincón que se ha construido, con tesón y paciencia, año a año.

Creo que una de las mejores cosas de dejar atrás un lugar que te gusta tanto es la capacidad del cerebro humano de quedarse únicamente con lo bueno. Así, me abrazo a la sensación de hogar y refugio, dejando atrás llantos, penas, discusiones, miedos, rupturas, miseria, dolor, soledad y lágrimas. Muchas lágrimas.

Solo quedan las personas que lo convierten en hogar.

Vértigo.

     El mundo duerme.

Es tan abrumador el silencio que el zumbido monocorde que emite el ventilador de mi ordenador me resulta molesto. Con el frío, hasta los grillos parecen haberse refugiado en el silencio.

El tiempo parece haberse detenido. No sabría decir a qué velocidad transcurren los minutos hoy, pero me recorre el cuerpo una sensación familiar y distante..., tal vez sean los recuerdos que trae consigo el frío que se acerca irrevocablemente. El tic-tac de la madrugada trae consigo un cosquilleo y se me reactiva el cuerpo; mis terminaciones nerviosas cobran vida como si fuera a abrir los ojos al gotelé del tejado inclinado de mi antigua habitación, a sus paredes liliáceas, a la montaña de ropa mal agolpada sobre la cama vecina, al revoloteo de los visillos blancos susurrando sobre el parqué y al borboteo nervioso de un sentimiento inefable en mis entrañas. Olores, sonidos, lugares y sentimientos familiares, aunque ya no me pertenezcan a mí, sino a quien una vez fui. 

Aunque sé que no es cierto, porque duermo contra su pecho desnudo y siendo su latido contra mi mejilla, una parte de mí se ha transportado a un otoño casi trescientos sesenta y cinco días atrás para levantarse de un salto, elegir un pijama más bonito, cepillarse el pelo a toda prisa y aplicarse uno de esos maquillajes que intentan disimular que una se ha maquillado. Un mensaje rápido, una llamada, más nervios y el volar de las horas que nos pasan volando. Vértigo. Tan centrada estaba en sanar mi corazón roto que hay muchas cosas del último año que comienzo a asimilar ahora; aunque hay algo que claramente no ha cambiado, y es la sensación de dar un paso cada día, de ser una persona diferente cada vez que abro los ojos.

Comienzo a entender que hay muchas cosas que echaré de menos no solo de aquellos días, sino de toda una vida. Vivir con mi hermano, abrazarme a mi padre para dormir, recorrer al trote mis calles favoritas del pueblo son algunas de ellas, pero siempre las recordaré con la nostalgia feliz de quien ha amado cada centímetro del hogar que ha conocido..., sin perder por ello la ilusión de comenzar uno nuevo

martes, 26 de octubre de 2021

Inquilina

     De noche, vivo en el calor de un cuerpo vibrante, pequeño y peludo sobre mi regazo. Qué compañía tan dulce como inesperada; es casi una bendición, un regalo cuando me escoge a mí para reposar sus pequeñas patitas y ronronear como una descosida. A veces se sienta a mis pies, los abraza, muerde y juega con ellos. No me importa, estoy bien. Me gusta sentir un corazón latiendo junto al mío.

Ya tengo con quien hablar sin sentirme tan sola, tan aburrida o tan triste. Ya no hace tanto frío, el cuarto parece menos oscuro.

Leia.


miércoles, 20 de octubre de 2021

Désordre.

     Sus besos tienen la virtud de ponerme en marcha, como combustible. Me burbujea la piel, me aletea el corazón en el pecho, mi cuerpo cobra vida con un ardor desconocido a la par que familiar.

Sus besos tienen algo de adictivo y mucho de dulces y tiernos. Boca suave, mullida y jugosa, como un bizcocho recién hecho y bien almibarado. Dulce y picante a la vez. Si fuera un sabor, podría ser la combinación de chocolate negro con un cítrico, o con jengibre. Interesante, estimulante, delicioso. Un despertar para los sentidos, como la piel que sus manos llaman al desorden de un escalofrío con el roce ágil y suave de una caricia, o el agarre férreo del amante consumido que lleva mi pelvis a sus labios con ahínco.

El desorden que el amor impone a los sentidos.

Uno no elige a quien ama, simplemente ocurre. Como una explosión de lava que se eleva desde el mar, caótico, natural, perfecto y vivo. Único. Forjado a fuego, cambiando los cimientos de todo lo que se conoce.

Y yo me vuelvo a enamorar cada día que pasa, mis sentimientos saliendo a borbotones desde donde quiera que se alojen en su desordenada locura química. A veces me pregunto si las bocas ardientes brotarán algún día fuera de mí, incapaces de ser contenidos por esta piel que solo anhela su tacto balsámico, su panacea, la perfección inexplicable de quien altera y calma mis sentidos a partes perfectamente iguales. Quizá algún día suceda y me funda con la tierra; quizá todos caminemos sobre los restos humeantes de quien amaron tanto que terminaron por consumirse, arrasando la piel.